Faringitis/3/
Una vez confirmados mis proyecciones relativas el número de pastillas antifaringíticas (al menos una) que reposaban en el interior del tubo rojo,de un cilindrismo perfecto, intenté extraer la pastilla,o una de ellas de su recóndito interior. Operé lateralmente con la muñeca y puse el tubo boca abajo esperando oír una leve vibración sorda de comprimido descendiente;una vibración suave,acallada hasta casi el mutismo,por el grosor de plástico duro del envase bajo el cual la gragea residía; pero no se hizo pálpito de movimiento ninguno en el tubo, ni descendió objeto alguno; entonces retiré un poco el brazo y golpeé levemente el borde superior y sin tapón del envase contra la superfície de la mesa de la cocina ante la que estaba sentado, esperando que con el zarandeo seco y árido transmitido por la dureza del mueble a las paredes del tubo, la pastilla o pastillas se desgajarían de su encaje esférico y rodarían hasta caer depositadas en la llanura cuadrangular ante la que apoyaba mi codo izquierdo revestido aún por la manga semi recogida del pijama celeste; pero de manera idéntica a lo vivido en el intento previo, resultó infructuoso; el interior del tubo seguía fosilizado; no recordaba que en 2006 me hubiera resultado tan problemático tratar con el desprendimiento de las pastillas. Insistí entonces batiendo más veces el recipiente contra la mesa en una secuencia ostensiblemente más rápida y más intensa que la anterior, pero ante mi principio de asombro comprobé que era una acción estéril; al menos,en apariencia; cabía la posibilidad quizá, que en el interior del tubo tanta agitación hubiera conseguido erosionar un poco los contornos de las grageas, especialmente de la que ejercía de tapón; puede que tal acción erosionadora,si repetía la operación de golpeo 1000 o 10000 veces,al final consiguiera roer tanto los bordes de la pastilla obstáculo que ésta acabaría rodando por su propio peso tubo abajo,succionada por los efectos magnéticos de la gravedad; puede que todo esto fuera probable;o cierto,porqué me costaba creer que una casi etérea por su poco peso, pastilla como aquella o aquellas (su número exacto continuaba siendo un misterio ) pudiera salir indemne de la brusquedad de tanta zozobra ; pero lo único que valoraba en ese momento era que de los aposentos interiores del caño seguía sin emanar nada. Parpadeé entonces un poco incrédulo y en un gesto reflejo decidí volver a mirar el interior del tubo para redefinir de nuevo la posición del comprimido inicial y poder actuar con una mayor eficacia posterior a efectos de su desprendimiento ; levanté el envase y lo aproximé a mi ojo derecho; hecho esto,cerré el párpado izquierdo y como si oteara el horizonte a través de un catalejo inspeccioné las entrañas del tubo con la pupila derecha abierta al máximo de su flexibilidad; la grágea primera, (o la grágea en singular, puesto que continuaba sin saber si eran una o dos; muy improbablemente,tres; y era imposible cercionarse sobre ese dato aún intentando extender mi pupila al fondo del tubo; el primer comprimido no solo bloqueaba todo movimiento de las cápsulas en su interior, sino también cercenaba y por completo, cualquier proyección visual al fondo del tubo; detrás de esa primera gragea taponante se extendía,como un escalofrío helado en la penumbra de la noche , el halo de lo desconocido ) seguía atascada en medio de la circunferencia de plástico que constituía y daba forma al envase,y a pesar de mis sacudidas de alto energetismo y aún humeantes, parecía presentar la misma posición y el mismo grado de inclinación que antes. Me consterné por el fracaso de mis tentativas de deslocalización de la grágea, lo que vino a coincidir además,con dos ingestiones especialmente dolorosas de saliva; la garganta me seguía tramitando síntomas de inflamación,congestión y estrechamiento; cada deslizar de saliva a través de sus compuertas continuaba provocándome pequeños zarpazos al esófago; la necesidad de tener el comprimido blanquecino del envase rojo disolviéndose en mi boca para aplacar aquellas efusiones de dolor que me abollaban la garganta, se hacía más apremiante que jamás.

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