domingo, 25 de julio de 2010

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Y bueno, pues eso, que el rastafari permaneció a mi lado durante toda la escena ahí en medio del pasillo entre Raquel y tú, y en un momento dado de ella, se llevó la mano, con esos dedos tan largos y terrosos que se gastaba, hacia los bordes de su boina, tal como solía hacer siempre, y mientras la levantaba un poco dijo eso tan raro de que Raquel se estaba encarnizando o algo así, y lo dijo además, en un tono como de censura, que parecía que le doliera ver todo lo que te estaba diciendo, que incluso parecía conmovido, y sólo por eso ya se puede saber que la cosa tenía que ser fuerte pero de verdad, porqué el rastafari no se perturbaba por nada, que no sé si era por los canutos que a todas horas se interiorizaba o algo, pero que en serio que pocas veces he visto persona más indiferente a su realidad circundante, que para mí sólo arqueaba las cejas, cuando liándose un pepino de esos tan potentes que se manualizaba, que de verdad que era para flipar de lo grandes que eran, que casi siempre tenían un diámetro pero bestia, del tamaño no sé, del tapón de un bote de jarabe para la tos o algo, pues que digo que para mí sólo se trasmutaba cuándo liándose uno de esos mega petas, se daba cuenta que se le estaba acabando la maria y tenía que salir a por más, que casi todo lo demás del mundo, parecía resbalarle por esas rastas tan pegajosas y de tanto volumen que se marcaba, que eran en serio una pasada por lo grandes y que le salían desbordadas en todas direcciones por debajo de esa boina con la bandera de líneas sepultadas de no sé qué pais, que llevaba siempre encasquetada. Y bueno, que ya te digo que eran unas greñas impresionantes, y que más que estar formadas por cabellos, a veces, daban la sensación de estar hechas de hilachas de esparto, de lo enmarañadas y amontonadas y superpuestas entre ellas que estaban, que parecían nacidas de una hibridación entre pelo humano y un esqueje de zarzamora o algo, que era todo como una masa densa de pelo apelotonado y espinoso y con infinitas ramas, y que bueno, ya sabes, porque lo supo todo el instituto,que una vez le metimos sin que se diera cuenta, una chapa de cerveza por entre los cabellos, y al día siguiente aún la llevaba, que nos estuvimos riendo toda una mañana con el tema, que es que el tío había ido a dormir y todo eso, y resultaba que al cabo de un montón de horas, la chapa seguía allí metida entre las brumas pegajosas de su pelo, exactamente en la misma zona por detrás de la oreja por dónde se la habíamos enclastado, que flipo aún cuando lo pienso, que es que pocas veces he visto nada igual, todo su cuero cabelludo era un puro supurar grasiento y de un pegajoso pero que bestia, y que cualquier objeto pequeño, como hicimos nosotros con esa chapa de cerveza que te digo, se podía colocar ahí con una garantía total de sujeción, como quién mete algo dentro de un trozo,no sé, de plastilina o algo......"

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