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Y otra de las cosas que sólo tenía la Wolframio eran unos colgadores de mármol para ropa super raros, como ésos que se ven a veces en sastrerías o tintorerías viejas, y que había muchos y quedaban al entrar a la izquierda, en la cacho pared del fondo de todo, ahí dónde, en las coñas que nos traíamos por lo pasada de grande que era esa clase, decíamos que había de ir la estación de metro Wolframio-tabique-final que te contaba. Y bueno, la verdad es que esos colgadores daban pero que mucho el cante, y nadie se explicaba bien lo que hacían allí, ni porqué había tantos, que no es que fueran 20 o 30, qué va, que ya te digo que estaba ese lado de la pared que era enorme, todo lleno, y le daban una apariencia, pero que tope rara, y que desentonaban un montón, que era bastante flipante, y vamos, es que en la vida he visto yo algo así en una aula, ni nadie me ha contado algo similar. Y resultaba encima, que no se podía ni pensar en sacarlos porqué estaban enganchados a la pared por unos clavos de hierro pero que cantidad de gruesos, y que cada colgador, que decían que eran de antes de la guerra o no sé qué historias, estaba sujeto con tres de ellos, de esos claves tope grandes, que era pero que bastante flipante también el ver esto, y que si algún día querían arrancar los colgadores como siempre decían que querían hacer, porqué ya te digo que eran muy feos y daban a la pared un aspecto tope raro, como si tuviera la viruela o algo, pues tenían que cargarse el muro entero por lo bien enganchados que estaban, que sólo por cada uno de los cabezales de los tres clavos que despuntaban ahí en cada colgador para sujetarlo ya te hacías la idea de que el cuerpo de los clavos tenían que ser tope gruesos y cantidad de largos, que tranquilamente se tenían que meter un palmo o así, pared adentro, y que la gente se quedaba pasmada con eso, porqué nadie entendía de qué cabeza pudo surgir la idea de poner esos colgadores ahí y poner encima tantos, y aún menos se entendía porqué los sujetaron a la pared a través de unos clavos tan bestias, que eran como unas tibias de hierro que penetraban cantidad de trecho entrañas del muro adentro, y que la verdad, todos pensábamos que para instalar unos simples colgadores de ropa, con unos clavos una centésima parte de grandes de lo que éstos, tan tope bestias, ya habría bastado...."

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