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Pero de todas maneras, si me tuviera que quedar con lo que más me molaba de la Wolframio que me gustaba, por otra parte, toda en bloque, serían sus dimensiones tan bestias, tan desfasadas tan moles,,, uff, es que era una pasada, tío de verdad. Que me acuerdo que en ese curso éramos en la clase bastantes alumnos, como unos 40 o así, y sólo ocúpábamos la parte delantera del aula donde estaba la pizarra y la mesa para el profe y el armario para el material y demás, y que sólo con ese trozo ya nos bastaba para todo y que el resto de la clase, hasta llegar a la pared final, donde estaban esos colgadores de mármol que te he contado, quedaba pero que tope vacía, que no había nada más que la pica del grifo con el dragón modernista o expresionista o taoísta o no sé qué, en un rincón y que todo lo demás quedaba sin nada, como un descampado pero cacho bestia en medio de una aula, que es que quedaban literalmente docenas de baldosas a nuestras espaldas sin ocupar. Y de verdad que al principio, o al menos a mí me pasó, tenías como una sensación tope rara cuando dabas clase y notabas detrás tuyo la nada, y de que no hubiera una pared a los poco metros que limitara y encerrara todo aquello y creara esos micro-climas tan propios de las aulas, sino que a tus espaldas sólo había vacío y más vacío durante la tira de metros, hasta que al final te topabas con la estación ésa de nuestras coñas de Wolframio-tabique-final y tal. Luego te habituabas, claro, pero al inicio ya te digo que me costaba situarme. Y hasta me acuerdo que en las primeras semanas, de vez en cuando, en plena clase, me giraba porqué tenía una sensación tope extraña, como si hubiera algo, una presencia o así, que estuviera por ahí fija, rondando,o vigilando o yo que sé por detrás de mí, en esa parte de la clase sin nada, que ya ves tú que tontería, que ahora lo pienso y me parto, porqué en realidad lo que me daba el cante y me hacía sentir tan raro era justamente la no presencia de nada ni de nadie en todo ese cacho espacio vacío. Y bueno, igual tenía esa sensación rara porque cuándo eres crío interiorizas cantidad las cosas, y hasta ese momento nunca había dado clase en algo similar a esa mole que era la Wolframio, ni mucho menos me había sentado con un vacío tan bestia adosado a mi columna, y me pillaba por completo de novedad...Que bueno, tampoco es que llevara un recuento exacto sobre eso, pero me imagino, vamos estoy seguro que como te he dicho, siempre había dado clases con algo inmediatamente a mi espalda, ya fuera el pupitre de un colega o un trozo de pared, o una columna de esas interiores, o lo que fuera. Y bueno, lo que también está claro por un igual,es que todo eso pasaba porqué ese año en la Wolframio yo ocupaba el último pupitre de una de las filas, la central, que si lo hubiera hecho en cualquier otro que no fuese el último, habría tenido alguien a mi espalda y todo habría sido como siempre y no habría tenido esa sensación que me dio por percibir al empezar las clases. Pero bueno, al final como todo, eso duró unos días, que luego ya me fuí acostumbrando al escenario ése, y me adapté sin problemas y ya durante el resto del curso no me giraba ninguna vez a mirar si había algo extraño a mis espaldas, que pasé a sentir el vacío ese enorme como la cosa más natural, que estaba tope adaptado, y justamente me pasó que al curso siguiente, cuando nos cambiaron de aula y nos pasaron a la Iterbio, que era esa que quedaba a tocar de secretaría y que era muy pequeña de por sí, pero comparada con la Wolframio mucho más, que no tenías casi ni espacio para estirar los brazos, que era una cacho bazofia de aula, medio claustrofóbica, y tal. Pues me acuerdo que durante las primeras dos semanas o así de ese curso en la Iter como le decíamos, me notaba super raro y tambíén me giraba algunas veces en las clases, pero no para extrañarme de que existiera un solar detrás mío, sino para lo contrario, que me notaba super incómodo con tener la pared tan cerca, y me giraba por instinto, como para no sé, intentar retirar con el brazo o con el codo el muro y tirarlo unos metros más para allá para que dejase de agobiarme, que me sentía como presionado por él y quería que dejara espacio y tal, porque no me molaba nada sentirlo tan encima, que tampoco es que lo estuviera tanto, qué va, jajaja, pero claro, yo venía de pasarme todo un curso en la Wolframio con todo ese continente a mis espaldas y el contraste no podía ser más bestia. Pero bueno, eso fue de nuevo sólo al principio, que luego ya me adapté a las dimensiones éstas tan ratas la Iter y a los 4 días como quien dice, ya valoraba el tener la pared ahí a medio metro de mi nuca, como la cosa más normal del mundo y ya no me giraba para mirar si era posible aligerar su presión ni nada, que de hecho esa idea misma de sentirme agobiado por falta de espacio, había, con la habituación de los días y demás rollos, dejado de existir..."

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