martes, 24 de agosto de 2010

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Así que ya te digo que para nada podía decirse que la calva del Rran, el profe ese de física que teníamos ese año en la Wolframio, fuera elíptica, pero eso a nosotros nos daba totalmente igual, que prescindíamos, que lo único que nos atraía era la palabra en sí, y que con eso bastaba, y que todo lo demás, si se ajustaba a la realidad o no, era algo de ningún orden de importancia....que vamos, estoy seguro que si la calva del Tsetsé en vez de ser redonda hubiera sido no sé, en forma de rombo, o de rectángulo, o un icosaedro con los bordes escapulados, hubiermos seguido diciendo que tenía una calva elíptica, que de lo que se trataba era de usar la palabra, que por vete a saber tú que chorrada de esas tan típicas de cuándo no eres más que un niñato, nos había hecho cantidad de gracia, pues cuántas más veces mejor, viniera o no viniera a cuento, y pasando totalmente de tener presente lo que era una elipsis y que forma geométrica representaba, que estoy seguro que por aquél entonces la mayoría de nosotros no teníamos ni idea, por mucho que nos lo hubiera explicado un día el Rran mismo en clase, y que de ahí surgió toda la coña, que sino en modo alguno....Pero que el Tsetsé explicara algo no era garantía de casi nada, que ya te digo que era de un tedioso pero que total, que a veces de tan coñazo no parecía un ser carnal, sino alguien mitológico, surgido de un abismo o de una fosa marina o proveniente del inframundo y al que Zeus o Apolo o Ganesha o quien fuera, le hubiera asignado el papel de representar la pesadez sobre la tierra...que de verdad que era para verlo y no creerlo, que el tío soltaba unas frases y unas explicaciones que parecían flagelos por lo abotargantes, explicara encima, lo que explicara, que eso daba igual, que hasta me acuerdo que cuando contaba sus viajes a París, donde iba muchas veces porque era un freakie de la pintura impresiva o postintelectiva o no sé qué rollos, parecía que en lugar de explicarte un viaje, te estuviera, no sé, recitando el inventario de tornillos de una cacho ferretería o así, que es que envolvía todo lo que hacía y decía en un tono tan bajo y deshidratado y falto de plasma, que era como si cada una de sus frases y de sus movimientos, llevaran una carga de cloroformo o algo, que se vaciaba en la Wolframio al primer contacto con el aire, y que se iba esparciendo a medida que su boca empezaba a ponerse en marcha y evacuaba esas explicaciones tan plastas...Y es que encima, hablaba de una manera tope rara, que sólo con ver como movía la boca ya te quedabas fósil en el pupitre, que no hablaba como hablamos todos, que vamos moviendo los labios a medida que vamos despidiendo las palabras, que el Tsetsé para nada, que ya te digo que tenía una manera de hablar pero que cantidad de extraña, como no he visto en la vida, que es que el tío para decir algo, parecía que necesitase estarse unos segundos mudo, como ausente del mundo, y entonces abría de golpe la boca y la dejaba quieta, inmovilizada un momento, así toda abierta que hasta se le veían los dientes del fondo todo medio verdes que tenía y tal, mientras del fondo de su garganta salía como un gruñido o algo, que duraba nada, como un segundo o así, y era sólo al acabar esto cuando soltaba la frase, toda en bloque, de una vez, que era como si hubiera puesto un huevo o algo, y luego, ya la frase dispersándose por la Wolframio, volvía a cerrar los labios y se quedaba de nuevo unos segundos sin decir nada, con la mirada perdida al fondo de la clase, todo concentrado en algo interior, como si estuviera fabricando otra frase y dándole los últimos retoques, encapsulándola o así, y al cabo volvía a abrir la boca y volvía a emitir su gruñido que duraba un segundo o similar, y al final soltaba otra frase-huevo, así toda de golpe, con su carga anestesiante, para después hecho esto, volver a cerrar los labios, y quedarse otra vez unos segundos sin decir nada, con esos ojos saltones que tenía enfocando quien sabe donde, para al cabo de nada volver a repetir la operación, y así una y otra vez durante sesenta minutos, imagínate lo coñazo que era, y que ya te digo que sólo por eso, por la manera cantidad de rara que tenía de expresarse, que era mucho más como si croase una rana toda llena de achaques y perezosa, que como si hablase una persona, y que recordaba al hacerlo, pero que cantidad, a un pez hastiado en su pecera que va, abriendo todo circularmente la boca, aspirando y expirando a grandes intervalos, pues sólo por eso ya podía considerarse al Rran como el ser más adormilante y aterradoramente plasta con el que jamás habíamos topado...."

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