domingo, 3 de octubre de 2010

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" Y bueno, en ésas estábamos, los unos encima de los otros, nuestros organismos de niñatos entremezlados y autoconfinándose, mientras protagonizábamos un silencio inédito e inexplicable, todo de plomo y denso y nuevo, dejando todo el protagonismo de acción y de sonoridad y de escenario a los silbidos finos y penetrantes del viento, ese viento funesto que nos había decapado las ilusiones de la tarde, cuando de pronto, oímos un ruido seco de puerta metálica que se abría. Y no sabíamos ubicarnos, porque el ruido pareció que acababa de tener lugar a medio metro de dónde estábamos y sin embargo, la puerta más cercana distaba a esos 20 metros que te he dicho que era dónde empezaba el edificio del cole, y en ese momento giramos incrédulos la vista hacia allí, y vimos sorprendidos que era ésa justamente la puerta que había sido accionada. Y no sabíamos a que podía obedecer que se oyera tan cercana, que era algo que nos rompía pero que casi todos los esquemas, pero no dijimos nada y optamos por seguir mudos y secundarios, temerosos quizá, en una de esas reacciones tan típicas de cuando no eres más que un cuatrodías, de desvelar nuestra ignorancia, ni que fuera en algo tan diminuto como aquello. Y bueno, estoy pero que seguro que habría bastado con que solamente uno de nosotros hubiera emitido un sintagma y hubiese expuesto que no tenía ni idea de porqué una puerta que estaba a 20 metros, había procedido en acústica al abrirse, como si la tuviéramos al lado, para que se desencadenara un nuevo episodio de fenómeno de reacción emotiva en cadena de esos tan típicos de cuando no eres más que un mocoso, en el que todos habríamos porfiado por reconocer, entre risas despreocupadas y con reclamo a liberación, que tampoco teníamos ni idea sobre el tema ni de porqué todo aquello se había producido, que dudo pero que mucho que ninguno de nosotros supiera entonces que lo de los goznes chirriando como si estuvieran a nuestro lado en vez de hacerlo con la sonoridad de distanciadas de 20 metros que era en realidad dónde estaban, no se debía a otra cosa más que al efecto de arrastre del viento que nos venía justamente desde donde se encontraba la puerta del cole, y que desde allí las ráfagas pasaban febriles y atolondradas, encauzadas luego por las dos hileras de árboles del patio de las porterias, hasta que venían a desembocar, en un impulso musculado, sobre nuestros rostros perplejos, y que en esa trayectoria emulsiva el viento se llevaba todo lo de liviano que se hallara a su paso, también las notas pentagrámicas del chasquido de las bisagras al abrirse, y que justo desprendidas, el aire arrastraba al acto y nos las traía en vuelo hacia donde estábamos, y era por eso nos llegaban tan vivas e inmimentes a nuestros oídos aturdidos, y también se debía a eso que las habíamos descubierto en las inmediaciones de nuestros tejidos de niñato puro, unos tejidos apilados y silenciosos y silabeantes en ese momento, expectantes ante la puerta de madera inaccesible del gimnasio....."

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