martes, 7 de septiembre de 2010

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Y lo que te contaba, que me acuerdo que un día casi a finales de curso, de un bochorno ya pero que tope veraniego, teníamos clase con Rran el Tsetsé y el tío se había colocado de cara a la pizarra mientras empezaba a extender en ella, con sus movimientos circulares de tiza, sus fórmulas extrañas y todo eso. Y bueno, era un día como te digo ya cantidad de veraniego, y el sol entraba en la clase pero que a chorro por ese ventanal inmenso que era todo el flanco izquierdo de la Wolframio; y era de esas veces en que la luz del sol de tan fuerte, parece que se abre entre las cosas llevando por delante un aguijón penetrante, con el que más que dar forma y delimitar los objetos y las personas y cuánto encuentra, pues en vez de hacer todo eso, las atraviesa y les inocula de claridad o de partículas de luz o de lo que sea. Y uff, me acuerdo que ya te digo, que la clase era pero que toda un mar de luz, como no he visto en la vida, que parecía que colgasen del techo 1000 focos de esos tan bestias de los estadios de fútbol y así, y que además, estuvieran encendidos enfocándolo obsesivamente todo. Y bueno, gracias a ese chorro tan bestia te dabas cuenta de cosas que normalmente no veías, como que la madera de tu pupitre estaba toda llena de imperfecciones o de rayaduras blancas, o que detrás de los radiadores se acumulaba cantidad de polvo y de restos raros, como trozos de uña de esos que cuándo no eres más que un niñato a veces te arrancas con los dientes sin saber porqué y luego los expulsas hacia el primer lateral que se te cruza....Y pues lo que te decía, que ese manguerazo de luz que lo alcanzaba todo, se posaba también en el Rran mientras estaba ahí de espaldas a nosotros submergido en sus historias raras, y me acuerdo que le caía especialmente pero que a peso sobre el círculo trazado de su calva. Y no sé si te acordarás, pero el Rran era un tío con la piel cantidad de blanca, que iba siempre gastándose un tono pálido y tal, y ésa era otra de las cosas que contribuía a hacerle de ese sopor insufrible que te he contado, porque el blanco de su piel era pero que un calco de ese blanco que tienen las paredes de los hospitales, que ya sabes, bueno, que te voy a contar a ti que cuándo te pasó eso con Raquel que te dijo delante de todo el Insti que la dejaras en paz y que no le escribieras ningún poema más, que ya estaba harta de ellos, y que dejaras de una vez de espiarla camuflado entre los arbustos del parque cuándo salía de sus clases de psicomotricidad o no sé que rollos, pues después de todo eso que te con ella, estuviste una temporada ingresado en uno de ellos, no? para reponerte de los nervios y empezar a tomar alimento y tal... Pues está claro entonces ya sabes que pintan las paredes de los hospitales de ese color pálido para sosegar y tranquilizar a los que están internos, como tú eras esa vez después de lo de Raquel, porqué ese blanco es una tonalidad que se ve que aplatana o algo, y si todo en el Tsetsé transmitía ya punciones anestesiantes, esa piel tan cacho blanca aportaba lo suyo, que aún sin él decir nada ni abrir la boca, ni soltar ninguna de sus fórmulas, ya te adormilabas con solo mirarle, por lo desfondado del tono de su piel, que era como si le hubieran evacuado, con una bomba de extracción o algo, el color o algo, y que se había quedado de un blanco máximo, pero además, así, como apagado y tal. Y bueno, me acuerdo que ese día de esa luz tan bestia los minutos transcurrían y el Tsetsé seguía inmerso en su mundo de tizas y pizarra y formulaciones y frases huevo y el sol de las doce de ese día tan caluroso, se iba levantando e iba cayendo más agudo cada vez, más picado, mas penetrante sobre todo cuánto tocaba y también lo hacía sobre su calva elíptica, que de verdad que fue flipante pero que en muy poco tiempo pasó a tomar un color rojo vivo, totalmente diferente al tono marfil de hacía unos minutos, propulsado encima todo esa transformación de color, por el gigantesco efecto lupa que producían los ventanales sin fin del lado izquierdo de la Wolframio ..."

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