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El gris oscuro del techo me abdujo unos momentos la vista en completo; mis ojos se posaron en él con intensidad;casi podía notar el espectro de enfoque lanzado por mi retina rebotando contra la superfície del techo y volviendo a introducirse en ella para volver a salir disparado en circuito cerrado; una y otra vez. Por unos momentos, la sonoridad del comedor se hizo menos intensa, desgranándose en una vibración poco palpitante, casi pastosa. Yo intentaba acompasar mi pulsión pensante al atenuamiento sonoro del local, pero apenas podía; los magmas paralizantes de la indecisión sobre lo que debía decidir ya en aquel momento en relación a los platos de la cena, y las decisiones cuyo tomar me aguardaba en las temporalidades posteriores seguían borboteando en mi interior y era vano intentar zafarme de ellos y de su hálito envolvente. Con todo, no sin un denso verter de esfuerzo, logré aminorar algo su revoloteo, haciéndolo menos omnímodo y al constatarlo, bajé la copa ventruda de cerveza de nuevo a la mesa; ya no necesitaba tanto de ese contrapeso de acción terrenal anclante a la incansable manufactura cerebral. Entonces volví a levantar la vista con intención de posarla de nuevo en el techo cuando en un fugaz intervalo enfocador,ví que se acercaba la camarera de rasgos caribeños y de pelo muy corto; no me quedó otra que abortar la elevación de pupilas y me centré en su aparición y en el diálogo que así que se detuvo a mi lado, enhebró.
-Hola; has decidido ya ? -me dijo mientras esbozaba una sonrisa un tanto maquinal, que elevaba no obstante, el telón al espéctaculo geométricamente impecable de sus grandes y muy blancos dientes.
-Sí,creo que sí; más o menos; pero tengo una duda sobre dos platos. Mira -le dije mientras abría la carta del menú y buscaba la página con los entrantes, lo que me costó un poco porqué aún tenía algo del embrujo del techo desplazándose en mi vista, aunque al final dí con ellos - Los jarrapeños qué son? Tienen algo que ver con los crêpes? Están hechos de harina o de pasta?- le pregunté; era una información que necesitaba, porqué mi primera opción para el seguno plato era pedir crêpes de queso con guacamole y quería eludir un excesivo grado de similitud entre ambos preparados.
--Oh no-me respondió con una arquetípica entonación y dicción caribeña; podría darse con facilidad que fuese cubana.Esta vez su risa perdió la rigidez funcionaral de antes, se hizo más amplia y compuso incluso cierta transición hacia una risa franca, lo cual profundizó mi ángulo de visión sobre su delineación dental esculpida en perfecto. Devenía obvio hallaba divertida mi pregunta- Los jarrapeños no tienen nada que ver con los crêpes; los jarrapeños son pimientos-continuó esbozando.
Yo me sentí aliviado;si los jarrapeños eran pimientos y no tenían nada que ver con los crêpes tenía la selección de menú resuelta y la carga de dudas que me curvaba las cervicales perdía algo de lastre; ya ni tan siquiera me era necesaria formular la pregunta sobre el segundo plato de denominación azteca cuya confección, al igual que me había pasado con los jarrapeños, ignoraba;así que me inhibí de formularla.
-Vale, entonces de primero tomaré jarrapeños con queso Cheddar; y de segundo crêpes con queso y guacamole.
Ella anotó ambas selecciones en una libreta muy similar a la que usaba su compañera.
-Ah, y me traes otra cerveza por favor-añadí.
-Esta misma te está bien? -me dijo indicando la botella vacía de mi primera cerveza que agotado su contenido y disueltas ya las burbujas de espuma, había perdido todo atractivo.
-Umm tienes otra marca mexicana? - le dije- Me gusta probar cervezas distintas.
-Oh, sí-hay otra; la Acmemuza .... me dijo mientras con mano rápida, hacía una última anotación en la libreta. Estaba en verdad muy delgada y me sorprendió la finura de sus contornos; al comprimir los dedos sobre el bolígrafo para efectuar el garabato, las venas de la mano se le marcaron visiblemente a través de su piel, tan fina que parecía incapaz de contenerlas; y sus brazos apenas ofrecían oscilación de volumen en todo su recorrido; parecían mesurar idéntico diámetro en la muñeca que en los bíceps- Una Acmemuza,pues ?
_Sí, sí.-le añadí en último estadio.Ella guardó la libreta en uno de los bolsillos de su delantal oscuro, idéntico también al que usaba la camarera de las pupilas embriagadoras, recogió la botella vacía de cerveza, se giró mientras me lanzaba una última sonrisa e hizo ademán de irse; sin embargo, cuando ya casi finalizaba el giro, el hombre escandinavo de cabeza afeitada y ojos brillantes de la mesa de al lado, le hizo un gesto con el brazo levantado al tiempo que verbalizaba dos comedidas observaciones en inglés:
-Please, please.
La camarera se volvió hacia él y hacia su mesa. El hombre fijó entonces la indicación con la mano en los cuatro vasos de gin tonic que salvo uno, el de la mujer que me quedaba infranqueable en cuanto a vista, estaban ya secos, con la loncha de limón varada, como un lánguido esqueleto de barco hundido, en el fondo. Una vez la chica tomó conciencia de los cuatro objetos que él pretendía que viera, el hombre pasó a ejecutar en el aire, un gesto circular con una de sus manos, un gesto rápido y trenzado que parecía englobar en sí, en una compresión conceptual insuperable, toda una tesis sobre la renovación del ciclo biológico, sobre la siembra y el cultivo y la recogida de frutos y sobre el perenne retorno de la pulsión vital humana:
-Four gin tonics again,please.
-Hola; has decidido ya ? -me dijo mientras esbozaba una sonrisa un tanto maquinal, que elevaba no obstante, el telón al espéctaculo geométricamente impecable de sus grandes y muy blancos dientes.
-Sí,creo que sí; más o menos; pero tengo una duda sobre dos platos. Mira -le dije mientras abría la carta del menú y buscaba la página con los entrantes, lo que me costó un poco porqué aún tenía algo del embrujo del techo desplazándose en mi vista, aunque al final dí con ellos - Los jarrapeños qué son? Tienen algo que ver con los crêpes? Están hechos de harina o de pasta?- le pregunté; era una información que necesitaba, porqué mi primera opción para el seguno plato era pedir crêpes de queso con guacamole y quería eludir un excesivo grado de similitud entre ambos preparados.
--Oh no-me respondió con una arquetípica entonación y dicción caribeña; podría darse con facilidad que fuese cubana.Esta vez su risa perdió la rigidez funcionaral de antes, se hizo más amplia y compuso incluso cierta transición hacia una risa franca, lo cual profundizó mi ángulo de visión sobre su delineación dental esculpida en perfecto. Devenía obvio hallaba divertida mi pregunta- Los jarrapeños no tienen nada que ver con los crêpes; los jarrapeños son pimientos-continuó esbozando.
Yo me sentí aliviado;si los jarrapeños eran pimientos y no tenían nada que ver con los crêpes tenía la selección de menú resuelta y la carga de dudas que me curvaba las cervicales perdía algo de lastre; ya ni tan siquiera me era necesaria formular la pregunta sobre el segundo plato de denominación azteca cuya confección, al igual que me había pasado con los jarrapeños, ignoraba;así que me inhibí de formularla.
-Vale, entonces de primero tomaré jarrapeños con queso Cheddar; y de segundo crêpes con queso y guacamole.
Ella anotó ambas selecciones en una libreta muy similar a la que usaba su compañera.
-Ah, y me traes otra cerveza por favor-añadí.
-Esta misma te está bien? -me dijo indicando la botella vacía de mi primera cerveza que agotado su contenido y disueltas ya las burbujas de espuma, había perdido todo atractivo.
-Umm tienes otra marca mexicana? - le dije- Me gusta probar cervezas distintas.
-Oh, sí-hay otra; la Acmemuza .... me dijo mientras con mano rápida, hacía una última anotación en la libreta. Estaba en verdad muy delgada y me sorprendió la finura de sus contornos; al comprimir los dedos sobre el bolígrafo para efectuar el garabato, las venas de la mano se le marcaron visiblemente a través de su piel, tan fina que parecía incapaz de contenerlas; y sus brazos apenas ofrecían oscilación de volumen en todo su recorrido; parecían mesurar idéntico diámetro en la muñeca que en los bíceps- Una Acmemuza,pues ?
_Sí, sí.-le añadí en último estadio.Ella guardó la libreta en uno de los bolsillos de su delantal oscuro, idéntico también al que usaba la camarera de las pupilas embriagadoras, recogió la botella vacía de cerveza, se giró mientras me lanzaba una última sonrisa e hizo ademán de irse; sin embargo, cuando ya casi finalizaba el giro, el hombre escandinavo de cabeza afeitada y ojos brillantes de la mesa de al lado, le hizo un gesto con el brazo levantado al tiempo que verbalizaba dos comedidas observaciones en inglés:
-Please, please.
La camarera se volvió hacia él y hacia su mesa. El hombre fijó entonces la indicación con la mano en los cuatro vasos de gin tonic que salvo uno, el de la mujer que me quedaba infranqueable en cuanto a vista, estaban ya secos, con la loncha de limón varada, como un lánguido esqueleto de barco hundido, en el fondo. Una vez la chica tomó conciencia de los cuatro objetos que él pretendía que viera, el hombre pasó a ejecutar en el aire, un gesto circular con una de sus manos, un gesto rápido y trenzado que parecía englobar en sí, en una compresión conceptual insuperable, toda una tesis sobre la renovación del ciclo biológico, sobre la siembra y el cultivo y la recogida de frutos y sobre el perenne retorno de la pulsión vital humana:
-Four gin tonics again,please.

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