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-Raquel, sólo quería que,,,,,,,no es para ponerse así-logré aún trenzar.- Si te he ofendido, lo siento, lo siento mucho,,
Ella no atendía a mis palabras entrecortadas y continuaba en su estado fuera de ubicación. Y por momentos, se aceleraba:
-¿Es que no lo has entendido? Que te estoy diciendo que yo no quiero que tú quieras nada en relación a mí. Nada! No quiero que nadie me ponga en su vida sin que yo se lo diga. O se lo pida. Que no lo voy a hacer, que no lo voy a hacer, entiendes?- respondió en un tono insufriblemente chillón. Sus ojos de otro mundo, seguían clavados en mi. Echaban chiribitas. Chiribitas de rabia. Y sin descanso.
-Olvídame, ¿me entiendes? Olvídame. Y si quieres ponerme en tu vida o en tus poemas, antes me lo pides, ¿ estamos?
Y al decir esto, avanzó una baldosa y se colocó casi rayana a mí. Su belleza fascinante aún en ese estado de basilisco furioso, seguía resplandeciendo. Pero sus palabras me fondeaban como corrosivas toxinas.
-¿Lo cogiste? Antes de ponerme en una cosa de éstas-dijo a la vez que acercaba una de sus manos hacia mi hombro y se hacía con uno de los trozos del folio con mis poemas que ella había roto ante mis narices- me lo pides, ¿ comprendes?. Y al decir esto tiró con furia hacia arriba el desgarro de folio que acababa de recoger de mi hombro. El guiñapo de papel describió una trayectoria errática y torpe en el aire, para caer luego, en blando aterrizaje ingrávido, sobre mi frente paralizada. Quise reaccionar e intenté hacer algo con la mano. Coger la raspa del papel para rescatarla o comprimirla, o espolvorearla en expulsión de mi frente, o algo. Pero la turbación me paralizaba y la mano apenas ganó unos centímetros de elevación a mi cintura. Y fue entonces cuando me dí cuenta que el pasillo había estallado en una carcajada enorme hecha de siniestros aportes de mil carcajadas distintas. Y como el vuelo de una mosca intoxicada por espumarajos de insecticida, un reguero de frases alimañas surcaban el corredor y me alcanzaban como sórdidas bocanadas de humo negro" Cómo le está poniendo" "ja,ja,ja, como se pasa Raquel" " Dice que cuando salía de sus clases de psicomotricidad, el tío le espiaba escondido entre unas hierbas, qué fuerte" " Ja,jaja, el poeta espiador" "El tío se ha quedado como una estaca, ni se mueve, parece una farola,,,se podría acercar un perro y aliviarse en él y ni se giraría a ver que estaba pasando,jajaja" "sí, sí, esos trozos de papel por ahí desechos, son los poemas que le escribió para conquistarla, juas, y dice Máximo que ha venido de los primeros, que se los ha roto ante sus mismas narices, Juas, me muerooo, qué fuerteee" " se le pasan las ganas de volver a escribir un solo verso más en su vida, qué cruel..."
Ella no atendía a mis palabras entrecortadas y continuaba en su estado fuera de ubicación. Y por momentos, se aceleraba:
-¿Es que no lo has entendido? Que te estoy diciendo que yo no quiero que tú quieras nada en relación a mí. Nada! No quiero que nadie me ponga en su vida sin que yo se lo diga. O se lo pida. Que no lo voy a hacer, que no lo voy a hacer, entiendes?- respondió en un tono insufriblemente chillón. Sus ojos de otro mundo, seguían clavados en mi. Echaban chiribitas. Chiribitas de rabia. Y sin descanso.
-Olvídame, ¿me entiendes? Olvídame. Y si quieres ponerme en tu vida o en tus poemas, antes me lo pides, ¿ estamos?
Y al decir esto, avanzó una baldosa y se colocó casi rayana a mí. Su belleza fascinante aún en ese estado de basilisco furioso, seguía resplandeciendo. Pero sus palabras me fondeaban como corrosivas toxinas.
-¿Lo cogiste? Antes de ponerme en una cosa de éstas-dijo a la vez que acercaba una de sus manos hacia mi hombro y se hacía con uno de los trozos del folio con mis poemas que ella había roto ante mis narices- me lo pides, ¿ comprendes?. Y al decir esto tiró con furia hacia arriba el desgarro de folio que acababa de recoger de mi hombro. El guiñapo de papel describió una trayectoria errática y torpe en el aire, para caer luego, en blando aterrizaje ingrávido, sobre mi frente paralizada. Quise reaccionar e intenté hacer algo con la mano. Coger la raspa del papel para rescatarla o comprimirla, o espolvorearla en expulsión de mi frente, o algo. Pero la turbación me paralizaba y la mano apenas ganó unos centímetros de elevación a mi cintura. Y fue entonces cuando me dí cuenta que el pasillo había estallado en una carcajada enorme hecha de siniestros aportes de mil carcajadas distintas. Y como el vuelo de una mosca intoxicada por espumarajos de insecticida, un reguero de frases alimañas surcaban el corredor y me alcanzaban como sórdidas bocanadas de humo negro" Cómo le está poniendo" "ja,ja,ja, como se pasa Raquel" " Dice que cuando salía de sus clases de psicomotricidad, el tío le espiaba escondido entre unas hierbas, qué fuerte" " Ja,jaja, el poeta espiador" "El tío se ha quedado como una estaca, ni se mueve, parece una farola,,,se podría acercar un perro y aliviarse en él y ni se giraría a ver que estaba pasando,jajaja" "sí, sí, esos trozos de papel por ahí desechos, son los poemas que le escribió para conquistarla, juas, y dice Máximo que ha venido de los primeros, que se los ha roto ante sus mismas narices, Juas, me muerooo, qué fuerteee" " se le pasan las ganas de volver a escribir un solo verso más en su vida, qué cruel..."

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