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-Pero, pero Raquel, era para ti, lo escribí para ti....-logré balbucear con la mirada perdida, en medio de la aprisionante turbación que se expandía, como una reacción de fisión de atómo, por todo yo. Me superaba la situación de un modo insalvable. El destilado esencia pura de yo mismo que viajaba en el papel de los 20, descuartizado en mil porciones ante mis ojos, por las manos súbitamente venosas de rabia de la persona a la que había dedicado el pensamiento completo de mis últimos seis meses...Era demoledor. Los ojos de Raquel me miraban aún fijos, tomados por la ira. Me di cuenta que todavía en ese estado de furibundia desatada, conservaban intacta la belleza cromática que los inyectaba de luz y que los hacían parecer de otro sistema solar... Y entonces, de súbito, como si lo que acababa de hacer no fuera suficiente, me empezó a gritar y su voz sin ningún destello hasta ese momento, comenzó a apoderarse de la extensión alargada del pasillo en silencio.
-Déjame me oyes? Déjame! Estoy harta de que me sigas, de verte siempre rondándome por todas partes. ¿No te enteras? Déjame ! Los tíos sóis lo peor, lo peor. No os soporto. ¿ Pero que os he hecho yo para que me estéis amargando la vida de esta manera? ¿ Pero es que no váis a dejar nunca de acosarme? ¿No me vais a dejar ni un sólo día de mi vida en paz???...
Yo no daba crédito a lo que me estaba cayendo encima. La voz de Raquel se había transformado en un chorro incontenible de improperios que impactaban inmisericordes sobre mi cada vez más achatada altura, y sentía como las desgarradoras terminaciones fónicas de su timbre inimaginablemente áspero y reprobador, penetraban, como una hidra pustulenta por mis poros, filtrándose a través de los restos esparcidos del folio de los 20 hecho añicos, que seguían, como unas teselas inconexas de derrota tras la lluvia, poblándome adheridas, los brazos,los cabellos, los hombros...
-Déjame me oyes? Déjame! Estoy harta de que me sigas, de verte siempre rondándome por todas partes. ¿No te enteras? Déjame ! Los tíos sóis lo peor, lo peor. No os soporto. ¿ Pero que os he hecho yo para que me estéis amargando la vida de esta manera? ¿ Pero es que no váis a dejar nunca de acosarme? ¿No me vais a dejar ni un sólo día de mi vida en paz???...
Yo no daba crédito a lo que me estaba cayendo encima. La voz de Raquel se había transformado en un chorro incontenible de improperios que impactaban inmisericordes sobre mi cada vez más achatada altura, y sentía como las desgarradoras terminaciones fónicas de su timbre inimaginablemente áspero y reprobador, penetraban, como una hidra pustulenta por mis poros, filtrándose a través de los restos esparcidos del folio de los 20 hecho añicos, que seguían, como unas teselas inconexas de derrota tras la lluvia, poblándome adheridas, los brazos,los cabellos, los hombros...

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