domingo, 9 de enero de 2011

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Me observé al fin, encarar el último de los peldaños y luego girar a la derecha. El pasillo se me abrió de pronto en toda su longitud bañada al completo por el destello de la luz que se filtraba a través del continuo de ventanas a la izquierda. Levanté la vista, y atisbé con fijeza al final del corredor. Me notaba la vista brumosa y nublada por la situación, pero aún a través de su neblina, divisé al fondo, la figura de Raquel apoyada en el lateral de la puerta de su aula. Al verla, los latidos de mi corazón derivaron en una procesión de redobles desbocados, que en conjunción con los ecos de mis pasos al avanzar, parecían rasgar a trombos, el silencio, monolito puro, del pasillo insólitamente desierto. Progresé unos metros envuelto en brumas, tragando con fruición, oleadas de saliva, mientras al fondo la figura de Raquel iba describiéndose y ganando perfiles en sus formas tumbantes. Me llegaba, a través de la neblina que me circunvalaba el perímetro de las retinas,el brillo destelleante y sin fisuras de su pelo castaño cayéndosele en picado por la frente acariciada por la luz, y a partir de determinado punto empecé delimitar con cierta claridad, el sonido ocasional que hacían los pliegues del papel de aluminio de su desayuno, a medida que lo retiraba para diluir el contenido de su diminuto bocadillo de pan blanco. Mientras mi aproximación avanzaba, el sonido de mis pasos ganaba en resonancia en el pasillo despoblado y su evocación sonora desacompasada me autointimidaba. Bajé el ritmo de acercamiento y el pasillo pareció sumirse aún más en la quietud,,, Al fondo, Raquel permanecía inmóvil y abstraída, ajena al mundo, mientras se apoyaba en la pared, con la mirada baja y los brazos en descenso, en un mutismo de movimientos completo que sólo quebraba a momentos, para elevar las manos con el bocadillo ingrávido, dejarlas un momento en estático, y bajarlas al poco , al ritmo apático de unos mastiques ostensiblemente desganados. Me vi avanzar a cada baldosa más en retracción, a cada progreso más encogido, y con las dudas abriéndome sesgos en canal. Me azoraba que Raquel, quien por como resonaban mis pasos, tenía que estar advertida de mi presencia desde hacía rato, permaneciera en ese estatismo pétreo, inconmovible e indiferente, en el que hasta sus pestañeos se habían transfigurado en movimientos de primer orden en cuanto a noticiabilidad. Yo me acercaba, mis pasos rasgaban el silencio, le llegaban nítidos y sin embargo no se inmutaba ni corregía su postura ni mostraba interés hacia nada que no fuera mirar fijamente al suelo o para repetir de vez en cuando ese gesto maquinal de aproximación del bocadillo a sus labios y efectuar en él un apático torniscón que derivaba al poco, en unos apagados movimientos de boca, insonoros, leves y diminutos, al masticar....."

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