lunes, 6 de diciembre de 2010

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Sí, Ramón el guía había emitido el nombre de Raquel y mi intención de abrochar el teléfono en su cubil y de largarme de sus proximidades había quedado automáticamente anulada...Raquel, volví a pronunciar con un hilo de voz, en la penumbra excavada del bar, mientras mis párpados se desplomaban hacia el sellado muscular....Noté que las piernas me temblequeaban y me tuve que apoyar de espaldas contra el muro tomado por la mugre para no caerme. Pasaron unos segundos, en los que me compuse inmovilizado, sin saber qué hacer; si irme o permanecer o qué pensar o como deglutir el aluvión de hechos que me habían caído encima,con las dos sílabas de nuevo como epicentro. Pasaron otros segundos, y al fin emití, en una acústica en los límites por lo débil, de nuevo el nombre de Raquel. Y fue pronunciarlo por esta tercera y moribunda vez, cuando al nada de hacerlo se deslizó ante mí en cascada, todo un engarzamiento de imágenes. Ví a Raquel andando con dos amigas por la explanada del parque, y mi cruce con ellas a paso vivo, distraído, desconociendo todo. Noté el deslumbre de ese rostro en mis pupilas y la descarga de voltios inmediata y violenta, en los recónditos de mí; me ví deteniendo el paso, un paso ya torpe y abducido, y teniéndome que sentar en un banco para recuperarme. Me ví en ese minuto de incredulidad, preguntándome si lo que había visto podía existir, poseído por un miedo absoluto a volver la vista para evitar que se confirmaran mis sospechas de que sí, mientras el corazón se me disparaba en un latido desatado que aún, un montón de años después, seguía accionandose con la misma intensidad con sólo acercarme a las dos sílabas.....Me observé luego, levántandome y saliendo disparado para abandonar el recinto del parque por su otro lado, y correr desesperado a través de una acera larguísima y casi sin horizonte, mientras a cada fricción de mis suelas de adolescente piernituerto con los adoquines del pavimento, se iban levantando chispas fugaces de colisión; me reconocí entrando con el aliento roto por la puerta principal del parque y ubicarme en dirección de marcha opuesta para cruzarme de nuevo con lo que había visto y cerciorarme de que no era tanto como ya sentía punzante, y que en el fondo, no había sido más que una visión distorsionada por la extremada luminosidad del día o por el sobrecalentamiento de mi retina desplazándose a cada recodo del parque y mirándolo todo desde el mismo instante de haber entrado en él....."

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