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Y con nosotros inmersos en un súbito y mal llevado silencio, y con el Rran erguido y con el eje vertical restablecido, por un momento pareció que el viento se diluía y que el Tsetsé con sus innúmeros papeles aún milagrosamente intactos bajo el brazo, podría empezar a retomar el avance por el patio en dirección a la puerta por la cual tuviese intención de adentrarse, o tal vez, en un súbito cambio de planes, venir hacia nosotros y decirnos algo en relación a lo de nuestras carcajadas ante sus malos términos con la gravedad, o en último, de hacer lo que tenía previsto que le concerniese hacer con algo que no fuera ni una puerta ni un interpelarnos a nosotros ni tan sólo un apunte de nada, y que claramente ignorábamos, cuando en ésas, otra ráfaga entró súbita y frontal y le agitó otra vez hacia la derecha. Y fue de nuevo una corriente muy brusca y aguda y silbante, aunque todos percibimos que ya no era tan desencajante como la previa, pero con todo, volvió a cebarse en la anatomía del Tsetsé quién en renovado, se escoró hacia la derecha y permaneció unos breves así, medio temblequeante y desestabilizado, hasta que, tal como acababa de suceder en la vez precedente, la corriente terminó por chocar con la pared salpicada de dibujos infantiles y otra vez, en un tremendo efecto rebote, regresó contráctil y resacosa hacia las posiciones por las cuales acababa de irrumpir. Y justo en medio de toda esa forzada retirada, el viento volvía a toparse con la figura del Rran a la que acababa de curvar ni que fuera levemente, y otra vez, el aire acanalado se enclastó por un momento subsanador en él y en su torcedura de esqueleto a la derecha, y le resarció de nuevo empujando estridente por la izquierda, el eje al completo. Pero esta vez, el viento, a la vez que lo verticalizaba, pareció regodearse un momento en el esqueleto al vaivén de los acontecimientos del Rran, que hasta pareció que trepaba por su cuerpo y se lo agitaba con especial saña o algo, el caso es que por unos momentos, el cráneo del Rran semejó interpretar unas extrañas notas en el horizonte abierto del patio, totalmente a merced del viento, y como efecto de lo tal, los cuatro cabellos laterales que le quedaban, y que él dejaba crecer y crecer para, apurándolos hasta el máximo de su extensión, llevarlos en salto vadeante, hasta la otra oreja, y aplanarlos luego cuidadosamente, y lograr tapar así, con este efecto de cabeza de puente capilar, las impetuosidades cromáticas en brillo de su calva esférica cada vez más al descubierto, pues esos 4 pelos que te digo, se le quedaron por unos instantes,erguidos e increíblemente fijos, a la manera de unas raras, tortuosas y casi extraterrestres raíces, súbitamente crecidas desde el frontón de su calva, o como unos extraños e inverosímiles mástiles arriados en medio del vendaval que seguía azotando la superficie del patio de nuestras porterías..."

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