martes, 12 de octubre de 2010

/97/

Y así estábamos observando en pleno bullicio divertido de marabunta recobrada los titánicos esfuerzos del Rran por ir dejando atrás un poco de terreno y poder aproximarse a la puerta de la que se tratase y por la que había de introducirse o donde fuera que tuviera que ir. Y como te decía, a lo cómico de la escena de verle pelear contra la fuerza del viento, se unía lo atónitos que nos dejaba el hecho de que aún no se hubiera enterado de nuestra presencia tan cercana y próxima, ahí todos en un bloque, apiñados y encimentados, como un racimo de teselas antropomórficas. Y a todo esto se añadía la visión chocante de lo mal distruida que llevaba el Rran esa carga enorme de papeles y carpetas y libros e inventario de fórmulas físicas que arrastraba, que la acumulaba sólo en uno de sus lados, el derecho, mientras el izquierdo quedaba libre y columpiante y ocioso. Y nos resultaba muy difícil de entender eso, que dudo que nadie lo hubiera logrado, porqué era mucho peso el que arrastraba y al ponerlo todo en un lado, el cuerpo se veía violentado y se le medio decantaba la derecha en una curva anatural y forzada, y el brazo se le doblaba de manera imposible para acoger el bulto de esos kilos de papeles multiformes, extremando al límite la flexibilidad de su codo puntiaguado, que hasta parecía que en cualquier momento corría peligro de estallar y dividirse en dos riberas incomunicadas. Y mientras la escena proseguía y se dilataba el viento aumentaba en furia y en acústica y sus rachas se iban encadenando cada vez más seguidas, cada vez más veloces, cada vez más frontales. Y una de ellas sacudió con especial fuerza al Rran y a su figura abombada hacia la derecha, que casi se le cae y sale despedida alguna de las carpetas que sujetaba bajo su brazo increíblemente arqueado, y para evitar que eso pasara, el Tsetse hizo como una finta inverosimil, él solo contra la magnitud del viento, y aún no sé exactamente en virtud de qué extraña ley física, pero lo que pasó fue que todo su cuerpo pasó a escorarse aún más hacia el lado derecho, el lado del cual justamente pretendía alejarse, y se ladeó tanto que entre las ráfagas su pie izquierdo dejó de tocar el suelo y quedó suspendido a unos estratos del pavimento, mientras el Rran al completo, con sus carpetas y sus libros y sus fórmulas, permanecía unos momentos zozobrando, sumido en una extraña figura funámbula contra el paisaje ventoso, abocado, por la fuerza de los surcos invisibles del aire y por el enorme peso de sus papeles, cada vez más fatalmente hacia su derecha, mientras por el otro flanco de su desgarbada anatomía, forzaba desesperado el pie izquierdo que seguía meciendóse en la ingravidad, para que le ejerciera de improvisado contrapeso, y le decantara de nuevo hacia el suelo y poder con ello volver a equilibrarse mediante el contacto en canalizaciones bípedas de su cuerpo con el empedrado del patio...."

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio