domingo, 24 de octubre de 2010

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Y al verle con los 4 cabellos electrizados despuntando hacia el cielo, extrañamente sostenidos en su nítida verticalidad, esos 4 pelos que ahora, al haberse desadherido de su postura habitual estirada y horizontal en la que el Rran se refugiaba para disimular los avances de su alopecia, le dejaban crudamente al descubierto la superficie capilarmente devastada de su frontispicio craneal, pues al verle de esa manera, resurgió en nosotros el deseo atronador de prorrumpir y de dejarnos conducir por los catárquicos bucles de la risa, y ya empezamos a modularla y a formatearla, y entonces se produjo que el Rran al fin se dio cuenta de que algo andaba mal en la disposición milimetrada de sus cabellos, ahí por encima de su cráneo, y en un acto reflejo, aún inmerso de lleno en los chasquidos del viento, movió en viraje el brazo que le quedaba libre hacia su cabeza para intentar reparar aquella vía de agua estética que él ya intuía que se le acababa de declarar. Y fue una acción enormemente torpe, fulgurada bajo los ímpetus sin meditar de una gran urgencia, porque los cabellos se le estaban erizando en su lado derecho, y la mano que le quedaba libre era la izquierda y para poder llegar a esos 4 fideos enervados, tenía que elevar la mano al nivel de la cabeza, pero al ser los cabellos tan premeditamente largos no podía detenerla ahí, que no hubiera servido de nada, porque estaban verticales y eran como te digo, muy muy largos para poder justamente, cumplir la función de disimulo de calva a la que les sometía el Rran, y por eso, porqué eran de una gran lontigud, como midiendo un palmo y medio o hasta más, el Tsetsé tenía que forzar el brazo mucho más que si hiciera una elevación de las clásicas, para rascarse la frente o algo, si quería contactar con ellos para poder aplanarlos de nuevo. Y además, se daba que tenía que someter el brazo todo al formateo de una cierta curva, porque ya te digo que los pelos le quedaban a la derecha y los quería abordar con el brazo izquierdo, por lo que le quedaban mucho más apartados, y todo eso acuciaba lo chocante de la imagen, y cuando alguien de los que estábamos en esa masa policefálica de cuerpos de niñatos agolpados ante la puerta por franquear del gimnasio soltó que el Rran parecía, con las cuatro elevaciones capilares tan simétricamente desafiantes y erguidas al viento, un tenedor con patas, no pudimos detener ya los estertores de la risa que atronó al instante desde nuestras posiciones, furibunda y retumbante hacia el patio de nuestras porterías donde el viento que seguía soplando alevoso, la distribuyó, a lomos de sus alocadas ráfagas, por todos los rincones del paisaje sumido en ese implacable sojuzgo eólico..."

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