sábado, 23 de octubre de 2010

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" Y el viento seguía soplando intenso, y en medio de sus pantallas, el Rran quedó verticalizado de nuevo, y a pesar de que como te digo, la corriente seguía aspirando y empujando con fuerza, daba toda la impresión que el peligro de caída había prescrito, como si una oscura aprensión nos imbuyera de la idea de que para que a alguien le pudiera tumbar el viento sólo existiera una oportunidad, la primera e inicial, adscrita al factor sorpresa, porque a partir de ahí el ente sacudido tomaba inmediatamente precauciones y medidas de reajuste o recolocación de su centro de gravedad o de realineamiento de los hombros o las costillas o de los lóbulos de las orejas o algo, y entonces su figura adquiría mucho más aerodinamismo y el viento se filtraba a través de él con mucha menos fricción, y contaba con muchas menos posibilidades de tumbarlo o algo. Y quizá nos movió pensar en esa dirección de dar por acabada la posibilidad de ver al Rran confraternizar con el suelo, el hecho de que por momentos, el tsetsé abandonó por primera vez en bastante, su estado de fijeza en el suelo y empezó a avanzar, aunque muy dificultosamente, unos leves pasos. Y resultaba para todos los que estábamos ahí en bloque apostados a la puerta por expugnar del gimnasio, una visión altamente chocante, porque a la escena de verle avanzar a ritmo tan lento y con tantos problemas, como si estuviera haciéndolo en medio de unos zarzales o algo, se añadía el hecho de que el Tsetse todavía no se había dado cuenta que el viento acababa de levantarle los 4 pelos que conservaba en un lateral de su armadura craneal y que, desafiando la ley de la gravedad, le permanecían levantados,en todo su increíble largor, en medio de la devastación provocada en el patio por el viento, los 4 como te digo, todo levantados y despuntando astifinos hacia el cielo. Y en nosotros, en un enésimo vaivén, emergió otra vez el deseo de reír, y empezamos a soltar lastre carcajeante ante la visión de la contrahecha figura del Rran avanzando a pasitos lentos y centimetrales, cargado aún su cuerpo de esa manera tan rocambolesca en la que todo el peso de los libros y de las carpetas y de los folios seguro que todos llenos de fórmulas que transportaba, se le concentraban sólo en uno de los brazos, el derecho, mientras el otro le permanecía sin mancillar y exento de carga, y coronando toda ese fotograma risorio, esos 4 pelos indómitos y desafiantes, erguidos en medio de toda la vorágine violenta del viento y de las nubes de polvo y de los silbidos agudos que éste provocaba, levantados los 4 a la manera de unas finas serpientes despuntantes en el paisaje, a las que los sones hechizantes y persistentes de una flauta cercana hubiese despertado de su letargo ahí en los laterales del cráneo del Rran e impulsado, súbita e irresistibles hacia esa elevación intumescente y lineal y cuatricolumnada que protagonizaban en el cráneo aboveda del Rran flanqueado en todo momento, por los apantallamientos violentos del viento contra el patio de nuestras porterías..."

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