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Y las cosas seguían paralizadas ante nuestros ojos, en esa escena descoyuntada en hechos de resonancias opuestas, que nos movían de un lado, a la risa estentórea cuándo observábamos al Rran intentando avanzar contra las olas del viento, mientras porfiaba para que sus carpetas y sus folios con anotaciones hasta el infinito no se le cayeran al suelo, y a la vez, seguía consagrado con esos movimientos torpes de mano, puros palos de ciego en el aire desbocado, en intentar allanar esos 4 cabellos alambres que le quedaban, y poder atenuar el brillo pálido con que su cráneo desforestado había pasado a exponerse súbitamente al mundo. Y viendo eso desde la distancia, sumidos en la envolvencia mullida de nuestros cuerpos en adyacencia ante la puerta del gimnasio, nos entregábamos a las envolvencias de la risa en su bucle ascendente, y nuestras risas pasaban a emanar en una resonancia impetuosa que el aire desbocado, distribuía frenético hasta el último enclave del patio,,, pero bastaba con que girásemos un huso las bisagras de nuestros cuellos de niñatos en germinación y nos centrásemos de nuevo en la contemplación del patio de nuestras porterias fustigado por los azotes del viento y por las sacudidas de polvo ocre y por las danzas de los papeles oxidados en esas ondas ingrávidas ante nuestros ojos, para que en un súbito espasmo, se nos quebrara de golpe la risa, y toda nuestra expresión trasmudara hacia los acordes de mueca de espanto que desde nuestros recovecos fibrosos dictaba la tristeza insondable y la rabia borboteante por ver nuestra tarde de juego ante las poterías cercenada. Y el pálpito se nos frenaba hasta la inanidad y bajábamos la vista, y se nos fundían las vértebras y emitíamos leves chasquidos con la lengua, mientras volvíamos a sentir los ojos humefactos, ahí todos agolpados ante la puerta aún por descerrajar del gimnasio. Y nos dolía y no entendíamos bien quien podía haber dictado al viento, desbocarse de esa manera por nuestro patio, y arruinar con ello, la cristalización de nuestro deseo en pureza de niñato puro, de jugar y correr y golpear un ente esférico, sin ninguna más pretensión en el mundo que ésa y sólo ésa... Pero esas unciones de nuestros adentros con el magma amargo de la tristeza duraban lo que tardábamos en volver a mover los engranajes de nuestros cuellos hacia dónde el Rran seguía evolucionando, y el abatimiento se nos iba en brusco por las empalizadas de las que había procedido en llegada, y las caras nos volvían a emitir emulsiones de luz vívida cotra el viento, y de nuevo, se nos erguían los hombros estimulados, mientras la risa atronaba reciclada impetuosamente, hacia el espacio tomado por el viento. Y ya cuándo uno de los papeles de los que seguían danzando a hombros de los remolinos de aire en medio del patio, salió extrañamente despedido y se elevó aún más en el paisaje y fue directo a empotrarse en uno de los 4 cabellos erguidos del Rran y por unos momentos, se quedó ahí ondeando como una bandera llena de achaques medio roída y difuminada, nuestra risa se multiplicó en decibelios y estalló aún más fuerte porque el Rran......"
-Basta, por favor, basta.....-dije en un lamento dolorido, antes de desenganchar el auricular de mi lóbulo en carne viva y colgarlo por un momento violento, en el armatoste de plástico adosado a la pared cochambrosa del bar.
-Basta, por favor, basta.....-dije en un lamento dolorido, antes de desenganchar el auricular de mi lóbulo en carne viva y colgarlo por un momento violento, en el armatoste de plástico adosado a la pared cochambrosa del bar.

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