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Y a pesar de los silbidos por momentos ensordecedores del viento, la carcajada de esencia de niñato abotargada en apilamiento informe a la puerta invadeable del gimnasio que éramos nosotros, llegó nítida esta vez a los oídos del Rran, que objetó durante un finísimo lapso de las 4 labores que le absorbían en el trance en el que andaba impregnado, y que eran la de no perder el eje vertical por la fuerza del viento y evitar con ello darse de omoplatos batientes contra el suelo, y la de intentar avanzar hacia la puerta que pretendía franquear o lo que fuera que tuviese previsto realizar en el momento de ejectarse al patio, y la de mantener bajo la curva forzada hasta el extremo de su brazo, los diversos estratos de libros y carpetas y dossiers y folios con fórmulas que constituía su carga bajo él, y la última y acababa de sobrevenir, la de restañar la hemorragia estética que le suponía a su imagen el intuirse en cuadro chocante, con los 4 pelos tapadera totalmente erizados al viento y dejando al descubierto el páramo capilar que era su calva, pues a pesar de estas 4 absorbencias, perentorias y urgentes, y del magma de actividad frenética y sin descanso que le exigían, el Rran aún tuvo espacio para dedicarnos, en medio del pentragrama deforme que formateaban los alaridos del viento, una mirada de intenso reproche por lo de la protuberancia de la emisión de nuestra risa y por su aparantemente nítido acomplamiento a las estrofas cacofónicas que el viento, aún sumido en integral en su desbandada furiosa, seguía esparciendo a cada rincón del paisaje profanado por la barbarie de los elementos desatados, del patio de nuestras porterías..."

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