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Y fue entonces cuando una ráfaga del viento en acometida más cerval, levantó de nuevo un abanico de papeles y de bolsas vacías de pipas y de bolsas de unidades de repostería consumida quién sabía hacía cuando, y de envoltorios multicolores de mil tonalidades a los que la corriente había arrastrado desde los alcores lejanos sabían qué aposentamientos, hacia ese callejón sin salida que eran las paredes multipintadas del patio de nuestras porterías. Y para unción de nuestros rostros de niñatos en asombro, se dio por un momento que ese amasijo de desechos olvidados del mundo, se quedaron por segundos suspendidos en lo que era una acrobacia ingrávida ahí en medio del patio, formando un remolino danzante adornado en mil salientes de todos los colores, a los que el polvo ocre y de contornos hirientes que seguía garabateando alocado por doquier en el aire, no conseguía diluir. Y nosotros permanecíamos ahí inmovilizados por los hechos súbitamente desplomados, escrutando con nuestras cejas arqueadas todo ese raro espéctaculo de viñetas deslabazadas e inconexas, que el viento había conformado partiendo de la nada. Y todo era como muy improvisado e inconducible para nuestros tejidos de niñato puro, que no sabíamos dónde empezaba lo risible con la contrahecha figura del Rran avanzando a trompicones en medio de las hordas eólicas, y donde acababa y se daba paso a lo tristre y aciago por esa tarde de nuestros juegos ante las porterías, perdida ya para siempre. Y no sabíamos bien qué hacer, ni cómo enfocar ni hacia dónde agitar nuestras reacciones, ahí todos apostados como un musgo humano de mil contornos ante la puerta bloqueada del gimnasio. Y así, alternábamos la risa batiente por lo del Rran,con la mueca impregnada de espanto por el espectáculo dantesco del viento consumiendo y apoderándose con sus colmillos de todo el paisaje de nuestros juegos, y la agitación de tristeza por esa tarde que se nos había quedado yerma y que se nos marchitaba entre las manos sin que pudiéramos hacer enteramente nada, y era por ese cúmulo de sensaciones encontradas y superpuestas entre sí mil veces, que a la carcajada superponíamos el llanto mudo, y a éste la rabia por el patio mustio e impractibale, y luego nos asaltaba el espanto por el polvo que el viento nos lanzaba violento contra la cara, pero de nuevo al espanto lo dejábamos clavado y superado por la carcajada que nos sacudía los interiores al ver a tan pocos metros todo el espéctaculo del Rran y su figura de tenedor andante, inmersa toda en sus denodados por aplanar las 4 elevaciones de esos pelos cremallera erizados al viento que se gastaba y que dejaban expedito a la observación visual el páramo de su cráneo sin apenas carpelo exterior, que no fuesen justamente esos 4 alambres puntiagudos y rebeldes que, para nuestro pasmo, seguían succionando en las acometidas del viento, para perpetuarse en esa insultante y esotérica verticalidad..."

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