jueves, 23 de diciembre de 2010

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Me vi dejando atrás el parque y enfilar hacia casa. Y esa misma tarde, empezar las pesquisas. Y descubrir cuatro nociones sobre Raquel. Y la estupefacción de mis padres " ¿Cambiarte de instituto? ¿Irte al que está en la otra punta de ciudad? ¿Abandonar a tus compañeros, tus profesores? ¿Así de golpe? ¿Pero por qué?" Me vi luego empezando el curso dos meses después, en ese instituto de la otra punta. Y mis primeros contactos continuados con Raquel, casi siempre en la hora del recreo, desde una distancia que para mi contracción, no se acortaba. Y mis cruces intencionados y buscados, en los que sus ojos glaciales, ni reparaban y seguían surcando en línea recta. Vi mis libros de texto intactos con su nombre escrito por todas partes. Y su ausencia. Su ausencia indiferente a la que no introducía el más mínimo matiz a pesar del paso de los días. Me vi tomando renuencias a la comida y empezar a notarme las prominencias de los huesos. Y mi cinturón cada vez más raído en agujeros. Y en el instituto, alcanzarme las explicaciones de los profesores como un ronroneo subhumano, inconexo e ininteligle. Y mis notas desastrosas, con mis padres atónitos y superados. Y los días que se sucedían sin que nada se modificara. Me vi empezando a rastrear y agazaparme tras lo frondoso de un parque para el entrar y salir de Raquel en sus clases de psicomotricidad embutida en sus chándales multicolores;una hora y media larga, camuflado entre los arbustos; untándome de humedad, de barro y de turbinas de insectos. Me vi de noche, mirando lloroso por la ventana a la luna en redondo, a la luna en mitad, a la luna en dispersion, a la luna en nada, con los ojos que se me hundían de tanto dar vueltas en la cama, y de tanta secreción de lágrima. Me vi de pronto una noche helada, con la blanquecina luz de la luna desparramda, tomar un lápiz y descerrajar cuatro notas. Y al releerlas, mi primera sonrisa en mucho. Y luego, componer más y más frases. Y acumularlas, febril. Y mis labios cada vez más distendidos. Sí... ésa era la vía. Y vino luego el regreso a la comida, y a la verbalidad distendida y a las miradas sostenidas. Me vi seleccionando compulsivo,las notas. Esos veinte poemas finales. Y mi dormir agarrado fuertemente a ellos porque estaba seguro que en ellos anidaba el quebrantamiento por la mitad de la indiferencia de Raquel y el inicio de mi acceso a ella y a todo el sentido del Universo a través de ese hecho.....

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