martes, 15 de febrero de 2011

/125/

-Pero Raquel,,,,,-logré enhebrarle con un raquítico alambre de voz. Mi turbación iba en un aumento desatajado al compás de unos borbotones cada vez más densos y virulentos; me sentía colapsado, y notaba como en la junción intermedia de mis piernas, los resortes sostenidores friccionaban ruidosamente y empezaban a ceder. Me estaba encongiendo. Aún en ese estado, injerté mis palabras con un deje de intención aplacadora hacia Raquel y hacia su reacción furibunda y cruenta. Pero no sólo no logré mitigar nada, sino que mis palabras parecieron actuar de espoleta para un incremento de la combustión de su ira vulpina atrapada y enfurecida.

-No me llames Raquel! No uses mi nombre, no te conozco de nada, de nada, y no quiero hacerlo por nada, me entiendes? Por nada...Deja de seguirme, de espiarme, de observarme,,no te soporto! Te piensas que no me he dado cuenta de que lo haces? Pero por quien me tomas? Miles de veces te he visto! Deja de perseguirme, de estarme al acecho.... ¿Qué te crees? ¿Que no me he dado cuenta cuando salgo del gimnasio, que estás ahí todo agazapado entre esos matorrales de delante espiándome??? O por las noches y hasta de madrugada pasando una y mil veces por debajo de la ventana de mi cuarto haciéndote el disimulado? Eres un cafre, un cafre baboso, como todos los tíos!

Por un instante quise darme la vuelta, y huir a toda velocidad de aquel varapalo sanguinolento que me estaba ulcerando por cada lámina de cuerpo. Pero era tan brutal la que me caía encima, que me derrumbé y quedé petrificado como una estatua abatida, a medio metro de la Raquel fuera de sí y encarnizándose. Al mismo tiempo, escuché con horror como al fondo del pasillo la puerta de acceso se empezaba a abrir y cientos de sonidos de pasos y de voces de alumnos atronaron cada vez más fuerte en dirección hacia dónde Raquel y yo estábamos. Los gritos debían haber traspasado las ventanas, llegado al patio, y atraído como carnaza untada de vapores hipnóticos de morbosidad a todos los que estaban en tumulto jugando en él. La lapidación verbal se había convertido en espectáculo. Noté como dos lumbares se me fundían en una de sola y me encogí más....

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio