lunes, 2 de mayo de 2011

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Las frases mordedura de la traílla de alumnos convocados en el pasillo se mezclaban con las carcajadas a mis espaldas. Raquel permanecía clavada a medio metro, con sus facciones avanzadas hacia mí, mientras me llegaba como un chorro corrosivo, la refulgencia encendida de sus ojos azufrosos. Seguía obcecada.

-Nunca más una cosa de estas, nunca más, ¿vale?- aúllaba mientras señalaba con dedo afilado y tenso los restos de papel de poema diseminados por mi perímetro corporal-. Y te olvidas para siempre de volver a pasar por debajo de la ventana del comedor de mi casa 20 veces al día, y de esperarme a la salida del insti o de las clases de psicomotricidad....Y basta de dejarte caer por el mercado cada vez que voy y te tengo que ver a 5 metros mirándome, ¿vale? Eso también se ha terminado- Su tono había bajado un escalón y por un instante, pareció sosegarse. Pero fue un espejismo. El tono áspero y chillón terminó regresando para descerrajar más, para descerrajar otra frase percutida - " Ah, y lo de verte sentado en la grada del pabellón, a dos asientos de mí en cada tarde de partido de baloncesto también, con eso también vas a terminar, ¿ok?-

Y al decir esto el pasillo se elevó de nuevo en una mascullación de algarabía altisonante y cruel. " No sólo la seguía al gimnasio, sino que se lo encontraba al girarse, haciendo la compra, en el mercado. Imagínate, tomar una botella de leche para poner en la cesta, y cuando te das la vuelta, ver que alguien en el otro pasillo te está mirando, ahí con los dos ojos como dos focos, como una lechuza observando todo lo que haces jajaja, qué fuerte " Y en la grada del pabellón de baloncesto, igual, también estaba ahí a dos pasos mirándola, cada vez que había partido" " Y encima se ve que pasaba 100 veces cada día por debajo del comedor de su casa. Igual es que estaba esperando que Raquel le lanzara un hueso de aceituna"

EL pasillo era ya de nuevo un puro reverberar en frases lexitóxicas. Raquel me continuaba mirando con sus ojos inyectados en pólvora, su expresión vengativa y su boca martilleante. Y ante ella, yo seguía ahí clavado, incapaz de moverme ni accionar ninguna de las articulaciones de mi cuerpo. Era como si cada copo cadente de agresión estuviera actuando a la manera de un martillo que me hincaba cada vez más hondo, cada vez más inmovilizado, cada vez más macilento,en el suelo baldosado en gris, del pasillo del instituto..."

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