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De nuevo quise mover la mano, retirar los restos de mis poemas desintegrados que poblaban salpicadamente, como una burla discontinua, diversas partes de mí, pero la tensión del momento me continuaba inmovilizando en aquél estado de postración al que me maniataban las frases puñetazo de Raquel, las carcajadas urticosas del entorno congregado en el pasillo y la hiriente novedad de mi universo súbitamente resquebrajado y hecho añicos . No entendía nada de lo que me estaba sucediendo. ¿Por qué venía a ser castigado así? ¿Por qué la vida me estaba propinando, en aquél pasillo de ventanas herrumbrosas, unos palos semejantes? Lo único que yo había hecho era asumir la vida a todo borbotón y decir que sí a todas sus propuestas, entregarme a pálpito abierto a la energía y a las torsiones que me ofrecía, adscribirme a su impulso cabalgante de la manera más incrustada y abrir en estruendo mis papilas hacia el fenómeno vital de la belleza de la que Raquel era una creación cumbre; hasta la última de mis moléculas había dicho Sí a las sugestiones de la vida, y como tributo me encontraba en aquel momento, en un pasillo perdido, sepultado por un alud de hostilidad apabullante, de tiro al blanco y de deseos dañinos de erosión. La incomprensión era lo que más me azoraba y lo que enhebraba el inicuo pegamento que mantenía mi organismo insertado en las baldosas del pasillo, recibiendo alabeado, toda aquella fustigación de frases, carcajadas y picaduras"

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