/131/
-Y por supuesto- repiqueteaba implacable Raquel lanzada en sus frases demolientes, coadyuvada la carga de veneno que contenían, por el espeluzno que me inoculaban sus ojos tomados de hidrofobia- tampoco te quiero ver en la piscina cuándo voy los jueves o los viernes o cuándo sea, a hacer mis 500 metros. No sé como te lo hacías, si me mandabas seguir o algo, que te aseguro que te ha ido de un pelo que no se lo tengas que contar a un juez, pero siempre a los 5 minutos de estar yo nadando te veía zambullirte a pocos metros de mí, haciéndote pasar por alguien que no sabe nada ni trama nada, como si hubiera sido una concatenación de imponderables la que te hubiese conducido allí, o nada más que un azar el que te pusieras a nadar en el mismo estilo en que yo lo estaba haciendo, y en la misma dirección, y con la misma velocidad y la misma cadencia con las que yo surcaba la piscina, ahí siempre a mi lado, como una lapa acuática, a dos metros de mis brazos, pretendiendo disimular lo incamuflable, como si fuese simple dictámen de los hados que bracearas ahí, a la manera de una garrapata acuosa, a nada de mí, día tras día, sesión tras sesión,,¿Pero no fuíste capaz de darte cuenta, ninguno de esos días de piscina en que me asaltabas el espacio contiguo, que cada vez que yo hacía una brazada y movía la cabeza, me topaba, con un estremecimiento de pavor, por entre las salpicaduras de espuma, y a través del plástico de las ridículas lentes acuáticas que te gastabas, con tus ojos rojos por el cloro, fijos en mí? ¿Cómo iba a ser esa imagen de rostro obsesionado una simple casualidad? ¿Una casualidad que se repetía maquinal con la única condición de que yo estuviera en ese momento en la piscina haciendo mis 500 metros??

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio