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-Oh, de lo de la piscina también se dio cuenta-logré trenzar por entre las ondas de corrido estupor que me azoraban. Y en simultáneo, el pasillo a mis espaldas atronó en mil cápsulas de nuevas frases aguijonazo, repartidas por todo su largor hasta terminar repicando en mis vértebras tomadas cada vez más por la curvatura:
"No sólo la aguardaba entre los matorrales y por las gradas del pabellón los días de partido de baloncesto, sino que también se hacía nadador cuando ella nadaba" " Pero existía algo que Raquel hiciera que no le comportara tener que verle a 2 metros ahí mirándola ?" " Que ha dicho que pasaba 30 veces por día por debajo del balcón de su casa, qué´fuerte" "Y encima le escribía poemas, unos 20, igual se pensaba que eso le iba a hacer gracia, qué iluso,, " " Si, esos trozos de papel hechos añicos que tiene por el suelo ahí a su lado, y los que le cubren el cabello, los hombros, y partes de los brazos son los restos de su obra maestra, juass..." " Y qué hace ahí clavado al suelo, sin hacer nada? Por qué no se mueve ni se pira??? A mí me pasa esto y ya estaría embarcando para sudamérica ahora mismo, juass"
La violencia de la carga de las frases, por un efecto acúmulo, se había intensificado; ahora me parecía que rebotaban, a la manera de una alocada bola de goma, por las paredes del pasillo, y de ahí al suelo y al techo, en todas direcciones, hasta desembocar en un silencio vibrátil de finalización punzante, al incrustarse en mis vértebras ganadas por una súbita descalcificación que amenazaba con partirme. Raquel seguía de pie, inmóvil, ajena a todo salvo yo, con su mirada obstinada y enrojecida fija en mí, en una demoledora expresión tiznada de reproche y de venganza que significaba el colapso de todo mi universo. Las frases en las que el pasillo reverberaba y que ella había posibilitado sin embargo, parecían no alcanzarle. Su única fijación era descargar toda aquella carga de acritud que parecía surgida de lo profundo, hacia su genuflexionado, hacia su bacante, hacia su idólatra, hacia mí....
"No sólo la aguardaba entre los matorrales y por las gradas del pabellón los días de partido de baloncesto, sino que también se hacía nadador cuando ella nadaba" " Pero existía algo que Raquel hiciera que no le comportara tener que verle a 2 metros ahí mirándola ?" " Que ha dicho que pasaba 30 veces por día por debajo del balcón de su casa, qué´fuerte" "Y encima le escribía poemas, unos 20, igual se pensaba que eso le iba a hacer gracia, qué iluso,, " " Si, esos trozos de papel hechos añicos que tiene por el suelo ahí a su lado, y los que le cubren el cabello, los hombros, y partes de los brazos son los restos de su obra maestra, juass..." " Y qué hace ahí clavado al suelo, sin hacer nada? Por qué no se mueve ni se pira??? A mí me pasa esto y ya estaría embarcando para sudamérica ahora mismo, juass"
La violencia de la carga de las frases, por un efecto acúmulo, se había intensificado; ahora me parecía que rebotaban, a la manera de una alocada bola de goma, por las paredes del pasillo, y de ahí al suelo y al techo, en todas direcciones, hasta desembocar en un silencio vibrátil de finalización punzante, al incrustarse en mis vértebras ganadas por una súbita descalcificación que amenazaba con partirme. Raquel seguía de pie, inmóvil, ajena a todo salvo yo, con su mirada obstinada y enrojecida fija en mí, en una demoledora expresión tiznada de reproche y de venganza que significaba el colapso de todo mi universo. Las frases en las que el pasillo reverberaba y que ella había posibilitado sin embargo, parecían no alcanzarle. Su única fijación era descargar toda aquella carga de acritud que parecía surgida de lo profundo, hacia su genuflexionado, hacia su bacante, hacia su idólatra, hacia mí....

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