sábado, 17 de octubre de 2009

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Por el teléfono se expandía el desgañitado tono de Ramón el guía, que al otro vector del aparato continuaba expeliendo párrafos a alta velocidad. Yo sabía que el guión de esas efusiones orgiásticas en verbo contenía también la llegada a un punto intermedio en el que el discurso del guía alcanzaba una altura y vehemencia máximas y a partir del cual empezaba el descenso en intensidad, en emulsión y en longitud de las palabras; el guía, del mismo modo que solía indicar el inicio de su alud con el espeluznante aullido estomacal, balizaba también indefectiblemente la llegada al punto intermedio de su perorata;pero para señalizar este momento no eyectaba ningún aullido de ribetes póngidos, sino que recorría al uso de una palabra que era siempre la misma:"Poliestireno";nadie sabía por qué, ni en respuesta a qué estímulo, ni en base a que sustrato vivencial escogía esa palabra, pero lo cierto es que, sin faltar una, recurría a ella en cada ocasión que su chorro verbal alcanzaba la mitad de lo recorrido; también constituía una apasionante ejercicio preguntarse sobre cómo era posible que el guía supiera en qué momento exacto de su discurso se alcanzaba ese punto medio y se sentía ya autorizado a expeler "Poliestireno" y a partir de ahí empezar la cuenta atrás hacia el punto de partida; uno de sus amigos me había dicho que en una ocasión, estando de acampada, Ramón había entrado en una de sus sacudidas verbales y el grupo de amigos filmaron todo el proceso; luego, ya en casa, al salir del instituto, con calma, analizaron durante una semana la filmación, frase a frase, diptongo a diptongo, y quedaron estupefactos al descubrir que el guía pronunciaba la palabra "Poliestireno" en la baliza exacta de punto medio silábico de todo el discurso;era una cosa que producía estupefacciones diversas porqué el total de los amontonamientos de frases del guía acumulaban 24098 sílabas y Ramón pronunciaba "Poliestierno" justo en la sílaba número 12049; y además, esta sílaba exacta intermedia sobrevenía en medio de una palabra, con lo que el guía, que ese día peroraba sobre un botón de camisa que una vez se le había quedado atrapado entre los rieles verticales de la jaula de uno de los pájaros de su padre, se vio obligado a dejar a medias una palabra para encajar su boya de señalización de punto intermedio alcanzado: "Y entonces, el mover el brazo para retirarme del lugar, sin darme apenas cuenta de que el botón de mi camisa estaba ama-Poliestierno-rrado a los barrotes de la jaula del jilguero "; algo similar a eso había dicho el guía;y a partir de ese momento, empezó maquinalmente, como teledirigidamente a pronunciar sílabas en operación de resta hasta llegar a la cero, lo que se produjo indefectiblemete, al cabo de 12049 sílabas...

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