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A través del auricular me llegaban los pitidos intermitentes de la llamada asentada y en curso, pero no acontencía reacción en la otra confluencia de la línea;pensé que tal vez el guía se abstenía de contestar porque la comunicación le tenía que estar llegando bajo la denominación de número desconocido y eso le podía dar a creer que se trataba de una equivocación, o de algún taimado vendedor moviéndose con información telefónica privilegiada;por un momento, planeé colgar y volver a teclear la combinación, pero recordé que el aparato no parecía funcionar impecable en cuanto a la interiorización de monedas y por lo menos en ese momento, era seguro que tenía una de 1 Euro bien asentada y que la llamada seguía establecida; la dilación me estaba generando sopor, así que me distraje volviendo de nuevo la vista hacia la tecla número 8 y a la incrustación petrificada de material que la configuraba;era realmente, una capa impresionante: después de cubrir todo el cuenco combado de la tecla, seguía expandiéndose, en su redondez de molde esférico, hacia lo alto, describiendo una protuberancia panzuda por encima del nivel raso del botón;por un lapso estuve tentado de dirigir mi dedo hacia ella y desadherir el amontonamiento de sedimentos;tenía curiosidad por comprobar si el estrato estaba tan comprimido como yo imaginaba y saldría despedido de la moldura de la tecla en un bloque compacto, o si, por el contrario, su homogeneidad era menor y a la perforación externa, el acúmulo de material respondería con una multi fragmentación; era algo que pasó a intrigarme súbitamente y no quería abandonar el bar sin saberlo;por momentos, la cuestión de la llamada pasó a un segundo plano; a efectos comprobativos pues, aproximé mi dedo a la tecla número 8 y a su relleno, pero a los pocos centímetros lo retiré; sentía que me infundía un cierto respeto tocar eso; mientras tanto, el teléfono continuaba llamando; yo me hallaba en ese punto, habiendo desistido de desembrozar la tecla número 8 con el dedo, pero la intriga por saber de la dureza de su pósito seguía apuntillándome; sin perder de oído lo que ocurría en el interior del receptor , dí media vuelta y reseguí con la vista un par de mesas a la búsqueda de algún tipo de objeto que me pudiera asistir, pero no detecté ninguno; chasqueé un poco la lengua y volví a colocarme en la posición anterior; entonces, mientras me resituaba, ví, en la repisa de la ventana que quedaba un poco elevada a mi lado, lo que parecía ser un castigado e irregular trozo de madera de medianas dimensiones;adelanté el brazo y me hice con él; se trataba con claridad, de un desprendimiento del marco de la ventana, debido probablemente a una ofensiva masiva de carcomas;de hecho, en todo el encuadre de manera de la ventana, esos insectos de mandíbulas frenéticas,habían dejado sus credenciales dentelleantes y el recuadre aparecía a cada centímetro, salpicado de pecas intrusivas; por su parte, la superficie de la astilla que había recogido, presentaba a banda y banda una intensa concentración de minúsculos agujeros, lo que hacía que su peso fuera casi ingrávido; para lo larguirucho que era el objeto, no pesaba nada; literalmente, debía tener las entrañas vaporizadas; levanté entonces ese casi eviscerado objeto y lo coloqué a pocos centímetros de mis ojos, enfocándolo hacia la lánguida luz que se filtraba a través de los confusos vidrios de la ventana; al renqueante trasluz, me dí cuenta que algunos de los agujeros practicados por las carcomas, habían atravesado la esquirla por completo y que concentrando la atención visual, era posible ver a través de ellos; lo moví entonces un poco hacia el interior del bar y lo seguí con la vista, aún atravesándolo, como si mirara a través de unos prismáticos; por momentos, ví esbozos diversos del bar, pero me cansé del ejercicio porqué exigía demasiado, compactar la vista y hacerla pasar por esos minúsculos agujeros, así que finalmente bajé la astilla y mis ojos volvieron a posarse en las, por contraste a las estrecheces de las perforaciones de la astilla carcomida, expandidas superficies del local.

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