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Con las nuevas conjeturas realizadas pues, la idea de abandonar la cena y tomar un taxi hacia Astrid resurgió; desde luego-perseveré pensando-,si para decidir arreglarse para salir un día cualquiera emplea una hora y si para ponerse una camiseta un sábado por la noche anda sumergida en disquisiciones selectivas durante una extravagancia de tiempo, resulta sencillo deducir que para efectuar el relleno de una maleta precisará emplear mucho más de los 35-40 minutos que yo había establecido como hipotética cifra tope para poder aún intercederme en su ruta; pero aunque parecía tal idea dotada de congruencia, mi sensación de alivio duró escaso ante la irrupción de un nuevo factor recóndito hasta entonces; en todas mis proyecciones partía de una premisa (la de que Astrid iba a tener que pasar por el trámite de empaquetar equipaje) que de pronto entendí que no tenía porqué ser cierta, porqué de hecho, Astrid no se mudaba a un hotel o se embarcaba en un crucero, sino que se iba a una segunda residencia familiar, por lo que podría ser perfectamente que, con toda su coquetería, tuviera depositada en las hondanadas de los armarios de ese inmueble, una buena provisión de ropa que le hiciera innecesario llenar maleta alguna; ante tal derivada, volvía a cobrar fatal dinamismo la posibilidad de una Astrid poniéndose en ruta y alejándose en un espació sucinto de tiempo, sin ninguna probabilidad para mí de lograr interponerme entre ella y su decisión.,,Me sentí de nuevo con cierto azoramiento ante este inédito dato sobrevenido e intenté mentalmente pulirlo a fin de hallarle matices; no conocía nada en relación a cómo era la casa;sabía únicamente que existía y remotamente, que la usaban en invierno coincidiendo con la temporada de esquí, pero nada más; de hecho no sabía ni en qué localidad estaba, ni qué antigüedad atesoraba, ni si presentaba dimensiones amplificadas o era más bien introvertida en cuando a expansión, ni tampoco guardaba idea alguna sobre datos del estilo de a qué distancia se hallaba de las pistas de esquí , ni de si formaba parte de un núcleo compartimentado de inmuebles o si por el contrario era una vivienda aislada; todos esos datos y un buen entramado de ellos más, se me escapaban; en simultaneidad, no me sonaba de nada que Astrid hubiera hecho ninguna referencia a ella en las dos semanas en las que habíamos intensificado contacto, por lo que pasé a deducir que la vivienda apenas debía de formar parte de su paisaje estival, mientras que por contra si me resultaba cercana cierta noción sobre un pueblo de playa de la costa de Tarragona; era, en consecuencia- continué desgranando- fácil articular el pensamiento de que la casa de la Vall d aran se limitaba a usos invernales, y si esto terminaba finalmente siendo así, significaría que por mucho que el inmueble estuviera provisto de armarios y que éstos estuvieran repletos de prendas de ropa, éstas serían exclusivamente de invierno, con lo que si Astrid tomaba la decisión de visitar la Vall d Aran una noche de pleno verano, si que se hallaría ante la necesidad de hacer equipaje, porqué presumiblemente en la vivienda de la Vall, sólo existirían prendas lanudas y de grosor destinadas a aplacar los rigores invernales, pero totalmente inmiscibles con las elevaciones térmicas de un chisporreante verano...

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