martes, 27 de enero de 2009

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Me quedaba añadir unos últimos suplementos de frase en la misma dirección, cuando gradualmente, al compás de los tecleos, me dí cuenta de que lo que estaba explicitando a Astrid era exactamente lo que ella anticipaba su mensaje como una hipotética reacción mía a base de piruetas y retortijones verbales; reacción que dejaba claro que no vacilaría en denostar por impostada e insensible; ante esa enésima nueva incidencia que la noche me arrojaba, sellé los párpados y resolví que debía abstenerme de tramitarle ese texto; no podía hacérselo llegar por mucho que lo que exponía en él fuera una descripción exacta de cómo se habían desarrollado las cosas y un preciso dibujo silábico de las sensaciones que su breve escrito me había generado; pero si se lo expedía los acontecimientos iban a tomar un giro irresoluble; su mensaje no dejaba fracción a otra interpretación; si a mí se me ocurría exponerle algo similar a que su texto me había zarandeado las emociones con tal intensidad que había puesto en incandescencia mi marmita sentimental, de la cual, borboteando, habían emanado tantas posibilidades de respuesta que me habían inmovilizado, ella lo valoraría, y en base a su superlativamente equivocada lectura de situación, como una muestra quintuplicada de una insensibibilidad que no dudaba ya en atribuirme; me restalló la lengua ante este raudal de conclusiones, y a su diapason sonoramente turbio, las cervicales me adoptaron una postura tendente al enocorvamiento; si terminaba -perseveré pensando-por enviar el mensaje, mis posibilidades de labrar futuramente algo con Astrid recibirían un golpe definitivo; y en modo alguno deseaba algo similar; así que con una reverberación cerebral de fondo claramente reprobativa para conmigo " Por qué debería retocar mensaje alguno? Acaso lo que expongo no es justamente lo qué y cómo este qué ha venido a desarrollarse? Debo anular el relato real de los hechos y forzar la emanación de otro de la nada, simplemente porqué Astrid haya demostrado estar en posesión de la perspicacia de la pezuña de una mula ? ¿ Por qué- proseguí en un crescendo de compuertas argumentativas quebrantadas- debería enmendar la exposición detallada y acoplada a realidad de lo que su mensaje me ha supuesto?... Simplemente tengo que hacerlo porqué ella se ha equivocado y ha catalogado por imposible lo que justamente se ha producido?..El enhilamiento emparrante de preguntas iba disgregándome el pulso y con la formulación de cada de las interrogaciones, mis cervicales parecían ir cediendo cada vez más arqueo a la atracción gravitatoria que se filtraba a través de las ondulaciones metálicas del suelo del restaurante mexicano en el que me encontraba; me turbaba de manera especial aquel torbellino de auto-interrogaciones porqué en el fondo, sabía cuál era la respuesta a cada una de esas preguntas; todas compartían una misma explicación, una misma detallación. Talvez, pensé por un momento, habría sido mejor detener todo aquella corriente para no autocrearme tensiones, pero la reverberación de inquisiciones continuaba emanando sólida y me inserí de nuevo en su flujo " " Por qué es preciso alterar nada? Acaso posee algún sentido porfiar por mantener palpitante algo con alguien de capacidad tan paticorta de interpretación de hechos ? No sería más apto purificar la veracidad de toda liana de impostura, corroborando los hechos tal y como han sido, reaccionar en lógica adscriptiva a ellos, y enviar el mensaje tal y como lo tenía redactado, y que pasara lo que pasara después? Y si lo que pasaba es que Astrid me rechazaba el trato a partir de entonces debería importarme que alguien que me interpretaba tan mal lo hiciera? En dimensión respondedora salutífera, era evidente que no; entonces, ¿Cómo era concebible que yo accediera a integrarme en un desarrollo de las cosas tan injusto conmigo y con lo que había sentido?¿ Qué era lo que me provocaba esa caries anímica que me hacía transitar resignado y como si tal cosa por un marasmo similar de adulteración de los hechos ?...Poco a poco la lava de mis preguntas fue agotándose y al hacerlo me hallé faz con faz la naturaleza inexcusablemente retórica de todas esas preguntas; sabía de sobras que que lo que me hacía encorvar y transitar resignadamente por todo ese lodazal de hechos retocados, verdades podadas y realidades suplantadas era simplemente la belleza compactada, reverberarante y generosamente extendida que tenía Astrid; nada más y simplemento que eso; Astrid era para mí su global dimensional, sus magnitudes, sus ángulos, su cubierta dérmica; por supuesto, su cuerpo de dadivosas orogenias y su rostro simétrico pellizcado por dos ojos de una perfección orbicular tanta que parecían trazados a compás; y también su boca que con cada sonrisa descerrajada semejaba elevar un halo reconciliación beatífica con el pálido misterio de las estrellas...Por mucho que intentara sondear, no había más;o quizá sí que había;o por supuesto que tenía que haber simultáneo escenario a ello, pero a mi me pasaba, sin proponérmelo, totalmente inadvertido porqué la corporeidad tangible de Astrid me impactaba en primer estadio, envolviéndolo todo y anulando cualquier posible realidad ulterior; sólo veía y percibía eso; la belleza desbocada que irradiaba de ese bloque físico; pero no se trataba de un sólo cualquiera; era un sólo omnímodo y absoluto que llenaba todo y no dejaba requicio a nada más por mucho que ese nada más era altamente probable que existiera. Era obvio que Astrid me atraía con con fuerza; que hubiera otras chicas que hicieran lo mismo, la camarera de los ojos teselados de azul del restaurante sin ir más distante, no restaba un miligramo de autenticidad a ese hecho...Me atraían las dos concentricamente. sin interferenciarse,,,Y el simple hecho de imaginar que Astrid pudiera alejarse me producía una sensación de rechazo inmediato; intenso y gripante; por mucho que supiera que no era con nada, la única chica del mundo con capacidad para generarme agrado; pero esto daba igual a mis sensaciones de ese momento que me trasladaban un inmanejable principio de pánico sólo de pensar que pudiera perderla y que todos esos activos se difuminaran del radio de mis brazos sin haberla abrazado ni una sola vez....Las conmociones por su mensaje ultimátum habían tenido al menos, la virtud de agitarme los sentimientos en un empellón final de cuyo precipitado había emanado destilado puro algo incontestable que hasta ese momento venía percibiendo en borroso y era incapaz de verbalizar; Astrid me gustaba; y me gustaba por su revestimiento estético; era obvio que todo esas constataciones respondían a algo en aparencia sumamente superficial; pero resultaba que era simplemente así y no había más;no debía buscar ahí subterfugios ni dulficicar nada; la belleza me cortocircuitaba los brotes racionales interiores y ni habiéndomelo propuesto habría logrado ser capaz de valorar nada de Astrid que no fuesen sus megatones venustianos; estaba estipulado, claro que sí, que detrás de esa copiosidad de belleza seguramente anidaba un espíritu despierto e interesante, pero a mi sentir todo eso quedaba solapado bajo el resplandor de su ornamento corporal demasiado intenso y desproporcionado como para permitir que algo distinto a eso emanara de ella; su belleza- seguí pensando- semejaba un agujero negro cósmico, el cuerpo celeste que posee tanta fuerza gravitatoria que no deja escapar de él ni siquiera la luz; así Astrid irradiaba tanto en estético que devoraba cualquier otra cualidad que pudiera tener y que de hecho seguro que tenía; pero a mi sensibilidad -insistí de nuevo en pensamiento- no llegaba ni había posibilidad de que lo hiciera, porqué la fuerza de atracción de su belleza se tragaba todo lo demás; y ante un deslumbramiento de estas dimensiones que parecía conectar directamente mi alma con la sala de máquinas de la creación, qué importancia podía tener el retocar un poco unas cuantas frases, matizar unas sílabas de nada?? Qué trascendencia podía atesorar algo tan conceptual como "la autenticidad de los hechos "comparado con la garantía de felicidad absoluta que el más leve contacto con la dermis de Astrid me supondría?? Estaba claro que no había comparación posible y que debía seguir adelante con la anulación del mensaje que recogía lo que había pasado exactamente, para sustituirlo por algo que se acomodara más a lo que a Astrid pudiera gustarle a fin de que mis posibilidades para con ella no se vieran cercenadas. Tomé entonces de nuevo el control de la pantalla de móvil que tenía in mente y con renovada elevación cervical y gesto progresivamente menos derribado, empecé a desbrozar el mensaje de palabras "ajustadas " a la verdad...

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