lunes, 19 de octubre de 2009

/45/

Hacía ya un cierto rato que yo había apartado el aparato de las proximidades de mi oído y ya no escuchaba las parrafadas de Ramón; me seguía pasmando comprobar que a pesar de lo mucho transcurrido, la línea del teléfono permanecía operativa y que la cifra de 10 céntimos de euro seguía petrificada en la pantalla de saldo del armatoste.Era algo difícil de explicarse.Me situé entonces un punto en lateral y observé las líneas que el paso de la astilla que yo había pilotado, habían dibujado en la capa de grasa que recubría el aparato.Eran unas líneas de trazado irregular, por momentos sinuosas, casi inconexas, pero que destellaban en medio de la cochambre que las circuía;tal vez-pensé- ese manto omnipresente de mugre que encajonaba todo el complejo del teléfono, se había expandido también hacia el interior del dispositivo, invadiéndolo, lo que habría provocado que la moneda quedase apresada a medio camino, en ese acúmulo pringoso, sin caer del todo en la caja de recaudación y dejando así la línea establecida hasta el infinito...Era algo imposible de saber, pero el caso es que a través del audífono, que harto de sostenerlo, había terminado por depositar en una repisa de soporte del teléfono, seguían detallándose las vociferaciones del guía. En ese punto, consideré ya que toda posibilidad de que la conexión se autodestruyera por sí estaba descartada y percibiéndome absolutamente saturado de Ramón y de sus epilepsias verbales, recogí el audífono y lo colgué en seco;al acto, el murmullo de fondo que me había ronroneado los últimos minutos se apagó y una proyección de calma beatífica pareció adueñarse por un momento del bar y de las interioridades de mis oídos. A continuación, tomé la astilla que aún seguía en una de las repisas de apoyo del teléfono y la lancé hacia el marco de la ventana de donde en un momento indeterminado de la creación, había tenido que desprenderse. La esquirla rebotó en en la pared interior del encuadre y cayó sin fuerza cerca de uno de los barrotes de la ventana, donde todo parecía presagiar que podría encarar con total tranqulidad su proceso de desintegración para los próximos 200 años.Hecho esto alcé la vista y por primera vez desde todo el episodio, pasé a focalizarme de nuevo en la realidad del bar. Detrás de la barra el camarero que me había saludado al entrar continuaba leyendo el periódico deportivo;ahora me daba su perfil, y como tenía la voluminosa cabeza apuntando hacia las páginas del periódico que le quedaban en posición inferior, las diversas capas cárnicas de su papada se amontonaban desordenadas, creando una impresión de segmentación y presencia mucho más intensa aun que cuando el hombre me había mirado de frente. Giré entonces un poco la vista y por primera vez reparé con cierto detalle en el único cliente que presentaba el establecimiento y que permanecía sentado en la mesa a poca distancia de donde el teléfono y yo nos enclavábamos;se trataba de una figura alta y terriblemente delgada, enfundada en un voluminoso y chocante abrigo azul marino de tonalidad muy consumida; su rostro afilado y enjuto, salpicado por unos protuberantes ojos claros, extrañamente fijos,parecía delatar unos setenta años, y en él los contornos de sus malares se marcaban tan acusados, que daba la impresión que en cualquier momento le traspasarían la piel rojizo estallante; el hombre permanecía en un absoluto silencio y toda su figura exhibía un hieratismo concentrado e imposible. Encima de su mesa moraba una botella verde clara de vino tinto, sin etiqueta y casi vacía, y a su lado se distinguía un vaso de taberna, circunférico y de vidrio claro, con una lámina granate oscuro de vino en su fondo.Por instantes, zambullido en esa inmovilidad de mineral, el hombre transmitía toda la impresión de un ser carente de pulsión;ví que no se alteraba ni cuando dos moscas, de las muchas que surcaban el espacio aéreo del bar, le aterrizaban en la huesuda nariz y se la recorrían rápida y nerviosamente en todas las direcciones en lo que parecía, un acompasado ejercicio de relevos....

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio