domingo, 1 de noviembre de 2009

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Determiné pues iniciar paso hacia la puerta y desertar del local. Decidido, tomé el aurícular del teléfono que seguía expectorando a todo gas las frases de Ramón el guía, y lo conduje hacia su encaje en el chasis para colgarlo. Y fue en ese brevísimo trayecto de desplazamiento de mi brazo, que algo expelido en la cháchara de Ramón, que me seguía llegando nítida en sus vociferaciones, me hizo enmendar la decisión previa. El guía seguía desarrollando la temática de las habilidades de cálculo de una prima suya que había vivido 12 años en Inglaterra trabajando en la City de Londres. Según él, la chica era capaz de calcular la conversión del Euro a la Libra esterlina y viceversa, con una precisión que en las cifras menores a 20.000 Euros o 17.953 Libras, alcanzaba hasta los tres decimales. Me estremecí pensando en la microscopidad de los detalles que ese bruto que tenía al otro lado del teléfono habría sido capaz de desarrollar verbalmente para que al cabo de unos 5 o 6 minutos de monólogo frenético, aún estuviera hablando de lo mismo que cuando le había colgado. El volver a percibir el enunciado de las habilidades contables de su prima me agudizó los deseos ya formateados en resolución de irme y colgar el trasto teléfonico con cierta rabia, pero esta vez Ramón introdujo los cabezales de un tema asociado que me paralizó el brazo....

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