martes, 3 de noviembre de 2009

/48/

Mi idea de colgar el teléfono e irme del bar se cercenó ante una frase que Ramón el guía engarzó en una retahíla de observaciones sobre el talento calculando conversiones de divisas de la prima suya que había vivido 12 años en Londres trabajando en la City...

"Y es que anda que no es chollo saber calcular con precisión los precios en 2 monedas distintas, la tuya propia y la del país en el qué estás.A mi siempre me ha costado un huevo, y he liado cada una...Aún me acuerdo la primera vez que estuve en el extranjero...Fue,uff,hace la tira;fuímos a Irlanda con Axel el de mi clase del insti, te acuerdas, no? Ese tío delgado y con la cara llena de pecas,el hiatos como le decíamos. Y con Raquel;bueno de ésta si que te acordarás con precisión,no? No creo que sea necesario que te diga ninguna de sus características, sobre si tenía pecas o estaba delgada para que te sitúes sobre quién era, jajajaja."

No hizo falta que llegara a pronunciar el nombre de Raquel para que yo anulara la decisión de colgar.De hecho, de haber esperado a que la pronunciara habría tenido sobrado para emplazar el audífono en su covacha de plástico, y la escena auditívamente habría finalizado.Pero un resorte instantáneo me efectuó al acto la relación de la frase del guía "la primera vez que estuve en el extranjero"con un escenario vital mío que por mucho que los años se habían ido solapando, no dejaba de lanzarme intensas fosforescencias.Al principio fue sólo un garabato abstracto, una emisión imprecisa que dada la rapidez e inesperado de la escena no supe trasladar a ninguna realidad concreta. Pero eso era lo de menos y ya daba igual. Algo en mí estaba ya sobre la pista de lo que terminaría por llegar y me admití fatalmente sugestionado por ello e inhábil para detener ese proceso que cabalgaba a lomos de lo que parecía actuar en mí como una encapotada revelación. Por un momento, me desentendí por completo del embadurnamiento oleoso que recubría el bar y me apoyé de espaldas a la pared aún a riesgo de enhebrar amarillentas salpicaduras en el trazo blanco de mi camisa; a la vez, anulé drástico la decisión de colgar el teléfono y lo aproximé a mi oído. Hasta ese momento, la presumible insalubridad de ese artefacto achicharrado por la grasa me había impresionado y lo había mantenido alejado de los cartílagos y la piel de mi oído. Pero esta vez desdeñé toda consideración en relación a eso y lo apliqué directamente a mi lóbulo. Y así, en un contacto palpable con la pared y el teléfono, inimaginables hacía un segundo, aguardé a que las cosas se precipitaran y que el contenido de la revelación asociado a la frase de Ramón " la primera vez que estuve en el extranjero" se concretara. Sentí que podía forzar la escena y hacerme yo mismo con la respuesta a ese turbador enigma antes de que apareciera en medio de la bocanada verbal que por nada del mundo, el guía iba a dejar de expulsar.Pero me inhibí de hacerlo. La parrafada de Ramón siguió su curso trazado y fatal, y poco después, entre sus ondas sísmicas verbales, la revelación se concretó "Raquel"...Al oírlo un espeluzno eléctrico me recorrió los circuitos de las vértebras y me zarandeó por un momento la espalda, acoplada a la pared.Era muy posible que con tal acción, mi camisa hubiera adquirido adherencias del bar, pero ¿qué me concenía aquello en ese momento? Lo único que me succionaba eran aquellas en apariencia ingrávidas, gelatinosas e insignificantes seis letras, "Raquel" que parecían evocar en mí un velo de resonancias atemporales..

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio