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Iba superando los peldaños y los rellanos de la escalera, y con cada brusco desplazamiento descendente, los alaridos turbosos del pasillo iban desbidujándose, escalera arriba, en su cacofónica sonoridad. Llevaba aún un boceto de los poemas devastados por Raquel en una de mis manos y de vez en cuando, con los saltos y los desniveles, alguna borboteante lágrima se deshincaba de mis ojos y caía en trayectoria indefinible por el entorno que iba dejando postrimero. Con precisión, noté, como al menos, una de esas lágrimas, impactaba en una de mis manos; aún en plena hilvanación ahuyentante de saltos, me fue posible discernir su roce líquido,tibio y denso sobre el lienzo tendido de piel del reverso de la mano. Cuando alcancé el último rellano, aceleré y bajé los últimos seis peldaños con cadencia aumentada, percibiendo como definitivamente, los estruendos rebuznantes del pasillo quedaban difuminados por la distancia y el solapamiento de pisos. Seguí corriendo por el pasillo inferior hacia la puerta de salida; deseaba, por encima de todo en la creación, evadirme de aquél edificio tenebroso. Recorrí rápido la distancia y abrí la puerta de un ímpetu. Fuera, apoyada en la pared, estaba Ainara, la secretaria del instituto, abstraída fumando solitaria un cigarrillo a medio consumir; miró extrañada, con sus voluminosos ojos fijos, mi paso encendido ante ella, pero no dijo nada. Ya me encontraba en el patio de salida hacia la calle, y en contraste con el atosigamiento tortuoso del pasillo, el silencio del nuevo escenario me pareció una caricia; pero no me detuve ni hice ademán de ello. Seguí corriendo. Ya fuera del recinto del instinto se distanciaba larguísima la acera que flanqueaba el desvío de la carretera que conducía al polígono. El lugar en pleno, se amodorraba en una calma pesada que contagiaba todo;pero tampoco esa tranquilidad de plomo, me alcanzó. Por el contrario, mi figura imprimía cada vez más vértigo al paso mientras me diluía bajo la potente sombra de los álamos que tomaban casi por coompleto, los adoquines de la acera sin fin hacia el polígono.

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