miércoles, 29 de agosto de 2012

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Ploff. Percibí el ruido de mi cuerpo al desplomarse y penetrar en la concentración líquida remansada de ese entrante que el torrente practiaba en la ribera. Inmediatamente, sentí la humedad apoderarse de mis ropas, hacerlas suyas, traspasarlas, y alcanzarme la piel en descargas frías y desagradables. Todo yo estaba siendo tomado por la humedad, pero carecía ya de fuerzas para huir de aquel abrazo de fango y lodo y tumefacción. Me hallaba boca arriba y la corriente debía de tomarme en mi mitad Por encima de mí, la bóveda vegetal de las ramas y las copas de los árboles, en cicatrizante clausura, apenas dejaban espacio a la penetración de la luz. Sentía el frío arreciar y el cuerpo entumercérseme, pero me encontraba tan agotado por las avalanchas del día que me hallaba impotente para modificar nada. Y en último, no tenía diáfano como operar tras aquello. La energía se me estaba yendo como por un sumidero. Realicé un último movimiento y logré separarme un breve dilatado de la corriente. Entonces, con una pulsión de autómata, abrí de nuevo la mano donde se retorcían los restos quebrados de los versos a Raquel. Aun en mi posición medio helicoidal y a través de las anfractuosidades de la situación, conseguí alcanzar algún destello de estrofa: " Ahora entiendo el azul del mar/ y la blancura de las nubes/ y la palidez argéntea de la luna/y la fragancia de las rosas/ y los parpadeos de las estrellas/ y el rápido prorrumpir de un cometa en lo nigérrimo de la noche.../todo ello no es más que un homenaje a ti" pude leer,aún, desde mi tortuosa posición, en ese papel tumoroso por la vesanía de incomprensión de Raquel. El trozo del verso en el magullado papel, en donde todo yo viajaba, se rompía entonces en seco y ya no era posible leer nada más. La brusquedad de Raquel al rasgar mis versos se había llevado por delante su trozo colindante. Sentí en ese momento una descarga de frío mucho más intensa aún que la que me estaba provocando el contacto con la corriente adosada en fijo ya,a mi espalda. En un último gesto reflejo, obturé la mano con el remanente de los versos seccionados y cerré intensamente los ojos bajo la luz filtradamente mortecina del día en penumbra....

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