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Toparme, ni que fuera de soslayo, con los remanentes de los versos quebrados por las manos tomadas en ira de Raquel, me reabrió otra vez el escenario de acumulada alta toxicidad del día, y toda la carga de crudeza e incomprensión que esa mañana había ido almacenando en un convulso crescendo, pareció desplomarse en bloque hacia mí, con los contornos de un contacto físico. Cerré definitivamente la mano con ese resto escrito de los versos cercenados y avancé un par de pasos con los pies sumergidos en el caudal. El flanco del torrente se deslizaba manso a ambos lados de mis tobillos y por de entre ellos, pero yo apenas notaba su tacto forzosamente frío. Tenía los resortes internos a plena y agotadora combustión y lo que acaecía en lo externo, apenas me alcanzaba. Volví a fijarme entonces en el mordisco que el río practicaba a ese margen de ribera a mis pies, y la imagen de Uk tendido en ese mismo lugar, con las patas delanteras sumergidas en las avanzadas del torrente, se me intensificó. Proyecté medio paso más por encima del fango del lecho, pero me sentía mal y me tambaleé. Intenté por un momento recuperar la verticalidad, pero finalmente, agotado por todas las sacudidas amontonadas del día, desistí de forzar nada´y me sentí caer, direccionando, con el último hálito de fuerza que parecía acompañarme, mi cuerpo en la misma posición oblicua al entrante de agua que Uk, en su agonía, había compuesto un montón de acúmulo de tiempo atrás....

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