viernes, 13 de abril de 2012

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El entrante en forma de cuña aspada lateral al torrente, se simultaneaba en idéntico con el recuerdo que de él conservaba. Algunos brotes inconexos de vegetación, lo encuadraban en su forma de acogedora herradura, como siguiendo algunas regladas instrucciones de origen ignoto. Yo detuve mi paso y me quedé, con la vista baja, direccionando mi haz visual hacia ese esculpido en el fango recoveco, medio terroso, medio fluvial. Notaba como por el extremo bajo de mis pantalones empapados, se deslizaban gotas del resto del chapuzón y se me filtraban aceleradas e incansables, por entre la fisura que conformaban los calcetines y los zapatos embebidos. Me seguía sorprendiendo la inalterabilidad del escenario, calcado al milímetro al que rememoraba, como obturados en superposición ambos en el tiempo. Y de repente el recuerdo estraficado en mil composiciones de Uk se me desplomó encima. Por entre el silencio del lugar, sólo roto por el murmullo de la corriente en huída perpetua, y su estatismo sellado al mundo, vi de nuevo el cuerpo de Uk devastado por el tiempo, torcido, recogido en un principio de postura fetal hacia si, estirado sobre el fango, con manchas de lodo pegajogo y seco cubriendo su pelo una vez intensamente negro; vi sus patas delanteras, con sus uñas inmóviles zambullidas en un espasmo de corriente, indiferentes ya al arañazo del frío líquido; vi su cola, con el remate sin pelo y abierto en herida, quieta y levemente curvada sobre sus moribundas patas traseras establecidas en lateral sobre el negruzco lodo de la orilla; vi sus orejas caídas y adosadas replegadas a los flancos de su cabeza a nada del gélido abrazo del torrente; vi su cuerpo enflaquecido, con las costillas perfectamente delimitables a traves de su piel demacrada, elevarse y bajar al ritmo de una inspiración de hálito espaciada, dificultosa y moribunda; vi los restos secos de su saliva, establecidos en los arranques laterales de su boca sellada e inmóvil; vi en fin, sus ojos negros tan densos y hondos que parecían conectar con el infinito, mirarme con una mareante intensidad agónica, a través de la cual daba la impresión que se destilaba quimicamente pura, toda la tristeza del mundo......

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