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Los chopos se iban deslizando a mis lados y poco a poco el escenario, de un disecado vegetalismo, parecía ir revertiendo en un entarimado de imágenes que me resultaban al fin, tenuemente familiares. Yo seguía avanzando en linea paralela a una corriente cada vez más enflaquecida; de vez en cuando, un enjambre de vegetación baja e impenetrablemente densa, se interponía y me obligaba a alejarme de la ribera, pero tan pronto como el terreno y sus adosados vegetales me lo permitían, volvía a la confluencia con el surco. Tenía en ese momento ya, las suelas y la mayor parte de los zapatos, tomados por el barro y el lodo,y levantar las piernas resultaba un ejercicio elevadamente fatigoso, pero me daba igual. Quería seguir en lo posible, la ruta que él había descrito; y yo recordaba haber visto sus pisadas cuadrúpedas marcadas en ese mismo lodo antracitoso que se me estaba adhiriendo, con una insidiosa pegajosidad, a las suelas, a los zapatos y la parte baja de los pantalones....

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