160
Sus labios endecasilabaron hacia un principio de balbuceo; parecía otra persona:
"Pero...pero, niño, ¿Qué haces ahí arriba? ¿Te quieres bajar? Que eso está muy alto, ten cuidado, que si te caes, te rompes....
Yo le seguía mirando desde lo alto; su súbita transfiguración de ogro pedrero a disipador de compasiones me habría causado pasmo en otras circunstancias, pero no en ese momento. Llevaba acumulada ya toda una jornada de deletéreas reacciones incomprensibles del entorno y la del repentino acorderamiento de ese ogro en su mono azul, sólo era una más de un ya largo cúmulo. Me tranquilizó sin embargo, verle en esa nueva fase y pasado el peligro de que me lanzara el pedrusco, me abstuve de dedicarle más atención. Me focalicé entonces de nuevo en la enrevesada maniobra de elusión del polígono en la que me hallaba inmerso. Me seguía reconociendo inestable en lo alto de la valla, aunque mis manos parecían mejor fijadas; transcurrieron unas breves degluciones de saliva, y entonces, sin mediar apenas actividad meditativa en mi córtex sobre como operar desde ese alto vertiginoso, trasladé rápido mi pierna izquierda hacia el otro lado de la valla. Fue una acción brusca e instantánea y por un lapso, sin ningún contrapeso, mi cuerpo se desequilibró hacia el vacío a mis espaldas. Me asusté cumpulsivamente, pero en una súbita agitación integral,logré reenderezar el esqueleto y volverlo a equilibrar erecto sobre el minúsculo asiento metálico. Entonces, a muy alta velocidad, apoyándome en las dos manos sobre el altiplano de la valla, viré todo yo de posición y me dejé deslizar a peso hacia el otro lado de la valla, mientras atemperaba la violencia de la caída con los pies resiguiendo los escaques metálicos a la manera de unos frenos seccionados y sin fondo; al cabo de nada,noté un brusco y doloroso pinzamiento calámbrico en los brazos extendidos y mi movimiento se detuvo en seco.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio