miércoles, 28 de diciembre de 2011

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Decidí intentar evadirme del polígono encaramándome al árbol para desplazarme en salto a la valla metálica por la que, enganchado a la manera de una ventosa antropoidea, treparía, de previsible con alguna dificultad, hasta su punto más alto. Luego, una vez allí, maniobraría con ambas piernas a fin de pasar al otro lado, y lograda tal cosa, descendería de nuevo por los escaques vacíos de la valla hasta colidir con la planta de mis pies en la base de obra del muro, punto a partir del cual, lo metálico del cercado quedaba fusionado con los ladrillos de la pared; calculaba que entonces, estaría dudando unos segundos y al fin, saltaría de algún modo, esos dos metros restantes hasta el suelo del exterior. Tal era la instancia planificada. Me acerqué entonces al árbol y me dispuse a enfilar por su tronco verrugoso, pero al iniciar, reparé en que precisaba de la participación de las dos manos para la ejecutoria de toda esa maniobra. Y una de mis manos, la derecha, permanecía herméticamente cerrada con los remanentes de los versos descuartizados por la furibundia de Raquel. Estuve inmóvil unos segundos y al fin, poco a poco fui separando los dedos, estrujando la palma y abriendo la mano; por primera vez en muchos minutos,un halo de luz diurno llegó a los versos. Moví la mano lentamente hacia el bolsillo posterior de mi pantalón, y en el trazado de ese breve curso, no pude evitar dirigir una mirada al boceto destartalado de papel; se trataba de un trozo de reducidas dimensiones, seccionado completamente en irregular, con los bordes estriados, algunos terminados en punta, otros adentrados en curva abierta hacia el interior. Las estrofas habían quedado despedazadas, pero algún encadenamiento de palabras aún presentaba legibilidad : " ....de ese pájaro orbitándome en la mañana pura me trajo tu re...." leí casi involuntariamente en uno de los salientes abovedados del papel. Sabía ese poema de memoria y maquinalmente lo completé " El consistir lechoso de las alas cristalinas de ese pájaro orbitándome en la mañana pura, me trajo el reflejo acerado de tu tez incardinada para siempre a mí..." musité para mis adentros en un sordo balbuceo....

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