/149/
Avivé la secuencia de marcha todo lo que pude y en seguida noté el amortiguamiento del estrépito de los pasos del hombre a mis espaldas y la debilitación progresiva de sus palabras amenazantes, hasta verse reducidas ambas displacencias a la nada. Intuí que tal vez, el energúmeno enfundado en su mono, al comprobar la imposibilidad de darme alcance en carrera, habría desistido de seguirme, pero aunque estaba seguro que ya en ese momento el hombre me quedaba lejos y yo estaba fuera de su radio, me abstuve de darme la vuelta para verificarlo. Me asustaba en su mono azul. Recordaba su expresión facial de furia y no descartaba que a empellones de ella, el hombre no fuera capaz de volver al coche, penetrar en él, accionar su volante hacia la media vuelta de la carrocería, direccionarla hacia mí y partir de nuevo a buscarme; por eso seguí corriendo. Me quedaba el final de polígono a sólo dos calles. Mi paso era constante y alternaba la mayoría de las gambadas en el asfalto con algunas de otras ocasionales por encima de los adoquines descastados de la acera. En nada estuve en la parte final del trayecto. El asfalto realizaba entonces una suave curva y luego se extendía larga y dilatadamenete, hacia el otro vértice del perímetro del complejo. Compuse, sin dejar de correr en ningún momento, la curva y sólo en ese momento, giré la cabeza hacia mi izquierda y la lancé hacia el recorrido que acababa de dejar atrás. Al hacerlo, esperaba hallar algo cerca a la figura azul del mono, pero ya no fue así. Entonces, proyecté la mirada un poco más allá y la posé en el lugar donde se había quedado en su momento el coche, con los dos trabajadores. Me sorprendió lo lejos que se atisbaba. Seguía el automóvil inmovilizado y a su lado, de pie, apoyado en una de las puertas abiertas, vi ya sí al hombre del mono azul, agitando en el aire uno de sus brazos, mientras mantenía el otro fijo fijo a nada de su cabeza. Me dio toda la impresión de que estaba hablando por un teléfono móvil. Yo desvié rápidamente la mirada y seguí corriendo en paralelo al muro de delimitación del polígono, al otro lado de cuya valla, a unos pocos metros, se elevaban los chopos franqueadores del torrente...

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio