miércoles, 14 de diciembre de 2011

/147

"Te estoy hablando, me oyes?!

El hombre en mono azul seguía expectorando sus frases en marcado tono rabiosamente aumentativo. Yo temía su mirada y su rostro descompuesto en la ira, y sus acometidas de res y mi vista seguía fija y autista en mi mano cerrada, con el escombro de los poemas aprisionado en su seno, mientras seguía haciendo intentos por reaccionar, buscando insuflar impulso a mis pies y poder alejarme del hombre-rabia, y de su salivosidad a nada de mi rostro y del contacto con el capó del coche que se había quedado a centímetros de mis rodillas. Pero la turbación me seguía paralizando y permanecía inmóvil ante al aluvión de frases agresivas del sujeto embutido en ese azul mecánico.

" Pero me quieres responder de una vez? Y qué haces mirándote la mano de esa manera? Mírame a mí y no a la mano! Qué llevas ahí,eh? Se puede saber que llevas ahí escondido en la mano que no la abres? ¿No habrás robado nada de algún despacho,¿no? Sí, eso es, seguro que en vez de estar en el colegio te has perdido por aquí para entrar en alguna nave de aquí y robar, un chip de ordenador o algo así, algo tan pequeño que lo llevas en la mano ahora ¿verdad que sí?? Y por eso no la abres,,,,pues ahora me lo vas a enseñar!, ya lo creo que me vas a enseñar que es lo que escondes ahí en la mano.."

Y al acabar de decir esto, el hombre se abalanzó sobre mí y furioso, dirigió sus dos peludas manos hacia la mía, en cuyo interior reposaban los rescoldos de los poemas fustigados por Raquel. Yo permanecía aún aturdido, inhábil para la réplica, pero el contacto de esas dos pesadas manos en la mía, y la fuerza bruta que ejercían a través de sus dedos convulsos, contrahechos y torcidos sobre mi palma cerrada, me hizo reaccionar. Por un instante conceptué insoportable la idea de que el remanente escrito de los poemas, en los que todo yo viajaba inserido, entrara en contacto con los dedos abotargados de ese energúmeno en su mono azul. El hombre porfiaba con fruición por abrirme la palma de la mano y me empujaba hacia uno de los lados; mi brazo empezó a torcerse. Y fue entonces, cuando en un gesto inesperado, recabé fuerzas y nervio de ni sé qué caladero, y accionando mi brazo hacia atrás con una energía que en nada cuadraba a mi desgarbado estado de ánimo, logré desasirme de la presión de sus ominosas manos y recuperar de nuevo la motricidad al completo...."

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio