158
Impacté contra la valla con fragor. Entonces me así como pude a sus cuadrículas de metal y empecé a ascender; era un proceso dificultoso, lento y barrido por las incomodidades; tal como había presupuesto, me veía a cada movimiento, forzado a flexionar dolorosamente las plantas de los pies para poder encajarlas, medio verticalizadas, por entre los agujeros de la red tomada por el metal. Trepé de esta manera, con mi frenetismo interior aplacado por las dificultades del medio, unos segundos y al final mis manos tomaron la parte superior de la lámina pudelada. Allí la superficie se convertía en súbitamente compacta, lisa y llana y de un grosor limitado, por lo que mis dedos se pudieron asir a ella sin dificultad. A partir de ese punto, con las manos ya firmes en estructura compacta homogénea, todo era tomar impulso y maniobrar para sentarme, ni que fuera en inestable, en lo alto del pico aplanado de la valla , punto a partir del cual me trasladaría a la exterioridad del polígono en salto hacia los rastrojos quemados por el sol, que lo circuían. Mientras tanto, ignoraba que había podido acontecer con el hombre del mono y su brazo con piedra apuntando, porque el lugar de nuevo se veía tomado por un concentrado y desconcertante silencio; mientras ascendía, temí por un lapso, que el energúmeno accionara el brazo y proyectara la piedra hacia mi espalda franca y desprotegida, pero aún a análisis de ese rumiante airado, tal acción debía verse ribeteada de hondas connotaciones criminales y ni la piedra ni objeto, ni tan sólo frase alguna, habían surcado el espacio en trayectoria tendente a mí...."

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio