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Me despertaron unos agitados ladridos de perro. Los oí primero lejanamente, como a muchas proyecciones, pero rápidamente se fueron intensificando y en nada parecieron estar ahí, al tocar. Eran unos ladridos espasmódicos y frenéticos; estremecían. Abrí los ojos y una oscuridad densa, de noche implacable, me envolvía. Tenía las piernas tumefactas y la espalda y los brazos bloqueados por el frío. Miré el reloj, y a través de su esfera tomada por el lodo y de lo oscuro del entorno, vi que señalaba una hora imposible, a menos que hubiera estado durmiendo 24 horas seguidas, tumbado en maceración viva con aquel lecho insalubre de lodo, piedras y agua remansada. Clavé la vista un poco más en el reloj y advertí que la aguja de los segundos estaba detenida. El mecanismo, seguramente por el contacto abierto con la corriente, había dejado de funcionar y llevaría hodas detenido. Ahora junto con los ladridos acerdándose, oía nítido el chasquido continuado, seco y penetrante de cañas de ribera al romperse bajo el aplastamiento de algún peso al avanzar, y el rumor quebradizo del chapoteo de aguas lejanas al ser recorridas. A la vez, y de manera progresiva, empecé a detectar la emisión apagada al principio, luego ya asentadas de un contínuo de voces que también sonaban agitadas en aquella atmósfera queda del torrente nocturno. Y al igual que los ladridos, parecían ir concentrándose en dirección a donde yo yacía. Giré la cabeza casi anquilosada por tanto tumbado, y a lo lejos, por de entre la espesura de la vegetación en penumbra, detecté un fulgor de luz de haces de linternas, moviéndose inquieto y afilado y resiguiendo el paisaje en todas direcciones. Apenas podía seguir su estela luminosa multidireccional y en muy poco empecé a detectarlas visiblemente más cercanas en su intensa y concentrada luminosidad. Era evidente que también venían a mí. Y pasado un breve lapso, empezó a alcanzarme por de entre el murmullo apelotonado y cacofónico de las voces, los contornos de una frase perfectamente audible y delimitable silabicamente: " Arpad! Arpad! ¿Estás ahí? Arpad!!! ". Quise levantarme pero me resultó imposible. A cada intento por elevarme, notaba las fuerzas írseme, como si por momentos se hicieran líquidas y se deslizaran por un sumidero abierto hacia el torrente. Porfié varias veces más para incorporarme, pero en todas ellas resbalé deshecho al suelo y al final desistí de insistir....

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