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Las frases de Raquel seguían martilleándome como una lluvia siniestra. No alcanzaba a entender su reacción ni en un espasmo. Era algo desmesurado que me estaba agitando la línea entera del organismo. Sus frases semejan bombas de desintegración, que una vez estalladas, se descomponían en 100 flancos de agresión distintos, apuntado a cien objetivos. Compungido, desde mi cuerpo en encogimiento, notaba ya como algunas de las palabras más hirientes de Raquel habían franqueado con facilidad la primera avanzada de mis defensas y se estaban dirigiendo, como una jauría deseosa de carnaza, hacia las zonas más internas de la capa del disco duro de mi yo, empezando a amenazar su estanqueidad.
-Raquel...yo sólo quería....-despedí con un alambre de expresión que ella volvió a sacudir violentamente entre sus mandíbulas.
-Sólo quería! Sólo quería! Que es lo que querías? Decirme que soy guapa? Que estoy buena? Que me quieres o que me amas o no sé qué? Pero te crees que no lo sé todo eso? Pues claro que lo sé, que todos me venís con el mismo rollo, que todos sóis iguales. Pero es que a ver si te enteras de una vez,a mí me da igual si te gusto o no, o si me amas o si me quieres, que es que es algo que yo no te lo he pedido. Ni te pediré jamás!Y qué digo que me da igual! No,no, es peor que eso, es que directamente no me gusta que te guste, ni quiero gustar a nadie a quién yo no se lo haya pedido ni quiera que sea así. Si de verdad me quieres o me amas, lo primero que has de hacer es quitarme de tus pensamientos y olvidarte de mí, hacer como si no existiera,,, Ese sería el acto de amor más grande que me podrías mostrar, y hacerme, de verdad, mucho más que un poema, lo entendería como una increíble muestra de amor: olvidarme y quitarme de tus rollos !
Las acometidas de Raquel me desbordaban. Mi mente apenas podía procesar nada de lo que me decía. Desde el primer momento de su reacción de hostilidad histérica, me había quedado agarrado al abstracto del rechazo, sin apenas poder desgranar, por la turbación, ninguna de las cosas que me echaba encima con el índice de penetración de una colosal jeringa. Sólo me absorbía la idea de que el escenario que yo había, sólo en la última semana, imaginado un millón de veces de una Raquel receptiva y fundida en mí, acababa de hacerse añicos. Y eso lo había dominado todo. Sin embargo ahora, pasados unos segundos, percibía como si algo en mi interior se hubiera puesto en marcha, como un mecanismo auxiliar para situaciones de emergencia, como un alambique interior de desciframiento de códigos, que en aquél momento estaba ya procesando el significado dañino inyectado en cada una de las frases de Raquel. Y a la turbación por el abstracto del No de apocalipsis se añadía ahora la conmoción por el producto resultante del destilado final de cada una de las sílabas con las que me estaba sepultando....
-Raquel...yo sólo quería....-despedí con un alambre de expresión que ella volvió a sacudir violentamente entre sus mandíbulas.
-Sólo quería! Sólo quería! Que es lo que querías? Decirme que soy guapa? Que estoy buena? Que me quieres o que me amas o no sé qué? Pero te crees que no lo sé todo eso? Pues claro que lo sé, que todos me venís con el mismo rollo, que todos sóis iguales. Pero es que a ver si te enteras de una vez,a mí me da igual si te gusto o no, o si me amas o si me quieres, que es que es algo que yo no te lo he pedido. Ni te pediré jamás!Y qué digo que me da igual! No,no, es peor que eso, es que directamente no me gusta que te guste, ni quiero gustar a nadie a quién yo no se lo haya pedido ni quiera que sea así. Si de verdad me quieres o me amas, lo primero que has de hacer es quitarme de tus pensamientos y olvidarte de mí, hacer como si no existiera,,, Ese sería el acto de amor más grande que me podrías mostrar, y hacerme, de verdad, mucho más que un poema, lo entendería como una increíble muestra de amor: olvidarme y quitarme de tus rollos !
Las acometidas de Raquel me desbordaban. Mi mente apenas podía procesar nada de lo que me decía. Desde el primer momento de su reacción de hostilidad histérica, me había quedado agarrado al abstracto del rechazo, sin apenas poder desgranar, por la turbación, ninguna de las cosas que me echaba encima con el índice de penetración de una colosal jeringa. Sólo me absorbía la idea de que el escenario que yo había, sólo en la última semana, imaginado un millón de veces de una Raquel receptiva y fundida en mí, acababa de hacerse añicos. Y eso lo había dominado todo. Sin embargo ahora, pasados unos segundos, percibía como si algo en mi interior se hubiera puesto en marcha, como un mecanismo auxiliar para situaciones de emergencia, como un alambique interior de desciframiento de códigos, que en aquél momento estaba ya procesando el significado dañino inyectado en cada una de las frases de Raquel. Y a la turbación por el abstracto del No de apocalipsis se añadía ahora la conmoción por el producto resultante del destilado final de cada una de las sílabas con las que me estaba sepultando....
