martes, 30 de septiembre de 2008

/8/

El séptimo, lacónico:





" Leído tu mensaje; su contenido me turbó; por inesperado. Prometo respuesta en breve"





El octavo, lírico:



"A veces, en el marco de un día sin especiales destellos, la vida nos aguarda una sorpresa agazapada entre los pliegues rugosos de un momento. La mirada se ilumina de pronto, el corazón bombea con la energía impetuosa de una corriente de montaña en primavera y uno tiene la sensación que en un prado solitario, bajo la caricia pálida del sol del alba, ha florecido una flor cuyos pétalos acendrados, componen, al ser agitados por la suave brisa de la ladera, las iniciales de tu nombre "



El noveno, narcisista :



" Sabía que algo así se iba a producir. Tu manera de mirarme los 2 últimos días que nos vimos, te delataba. Estaba seguro, nunca falla, que era una simple cuestión de tiempo, de muy breve tiempo para ser más exactos, que me enviaras un mensaje declarándoteme. No soy precisamente un neófito en las relaciones y sé qué significa ese brillar de ojos con que me miráis mientras os hablo: mi irresistible hechizo operando, surtiendo efecto y poseyéndoos. Todas procedéis igual. Ahora tengo días muy apretados, el trabajo y tal; y este finde salgo de velero. Pero te prometo que a finales de la semana que viene, si el trabajo y el gimnasio me lo permiten, te diré algo sobre tu mensaje. Ah, y por cierto, me lo podrías envíar otra vez ? Es que recibo tantos de ese estilo que algunos de ellos ni tan siquiera los leo ya y los borro sistemáticamente; hice lo mismo con el tuyo, aunque no era mi intención. Fue casi sin darme cuenta; pensaba que era uno más; pero en el último momento, cuando ya había dado la orden de borrarlo, ví tu nombre, y quise recuperarlo; pero ya era tarde. Envíamelo pues, otra vez, si quieres que lo tome en consideración, porqué la verdad, aparte del hecho de que te declarabas loca por mí (cosa que por otro lado, ya sabía) apenas recuerdo nada más de lo que me decías"





El décimo, burbujeante:



"Tu mensaje me gustó un mazo; fue cool y me llenó de buenas vibraciones. Ya sabes que te tengo por muy fashion; me gusta tu manera de vestir, siempre tan chic. Te lo he dicho tropecientas. Este sábado hay una performance de un grupo de NY, los TurtleFragancy en el AcrylicOdeon, esa sala super guay del Polígono de la Guineueta; no sé si te lo dije, pero me molan. Tienen una pinta super moderna y sus letras son mogollón de enrolladas; el cantante es un desfasado y tal pero mola el pavo, ya lo verás. Te sacaré una entrada y vamos los dos y hablamos sobre lo de tu mensaje mientras le damos al body una paliza de swing. El concierto es a las 7; te paso a buscar con mi carro media hora antes. Me molas también tú a mi; eres amazing"





El undécimo, rosa-teológico



" Me pareció encantador tu mensaje Astrid; y de la fuerza en consecuencias de un ciclón; no estoy acostumbrado la verdad, a que me digan de una manera tan clara que les gusto. Han pasado sólo 15 minutos desde que lo recibí pero no te puedes imaginar la de veces que lo llevo ya leído y en cada una de ellas noto mi organismo en vibración vital máxima y la calidez del sonrojo en las mejillas. y el reverberar apoteósico de la sangre por las arterias a medida que voy asumiendo qué significan tus palabras. Te doy las gracias por tu sinceridad y por tu franqueza y sobre todo, por tu valentía; yo también pienso que siento algo muy especial, único por ti, pero no me he atrevido nunca a decírtelo porqué ya sabes que soy muy tímido y no estaba seguro de tus sentimientos hacia mí; por eso tu mensaje me ha hecho zozobrar; de pura alegría; porqué más allá de que su contenido es maravilloso has hecho algo que yo deseaba realizar desde hace mucho, pero ante la efectuación de lo cual me he visto siempre sumido en la más incorruptible de las impotencias; he querido un millón de veces mandarte un mensaje así, pero siempre que lo he intentado me he quedado bloqueado por las dudas y los miedos y las vacilaciones: ¿Y si no le gusto? ¿ Y si no siente lo mismo?¿ Y si en realidad,está enamorado de otro? ¿Y si enseña mi mensaje a otra gente y me hacen secreto y despiadado objeto de burla?¿Y si esas miradas que tanto me prodigó los últimos dos días fueron sólo porqué no sabía dónde colocar exactamente el foco de su visor y lo emplazó en mí de manera puramente casual? Pensamientos así me asaltaban a cada momento paralizándome, enmortajándome y terminaba por desconectar el móvil sin haberte mandado nada. Y actuar tan cobardemente me hacía sentir mal conmigo mismo. No sé si Dios existe, pero sí creo que hay una justicia divina operando desde los cielos que castiga de manera implacable determinados vicios humanos; y uno de ellos, de entre los primeros, es la debilidad; sí, Astrid, la debilidad es pecaminosa. Porqué tiene una base absoluta de renuncia y de abdicación de las potencialidades y cualidades que Dios (en el fondo creo que sí que Creo ) nos ha dado. Los cielos nos conceden unos dones y nosotros, en lugar de verterlos a chorros al exterior tal como se nos encomienda, los negamos por puro miedo, y los mantenemos aprisionados dentro de nosotros, faltos de oxígeno, dejándolos apolillar y degradarse hasta la marchitación. Y tal cosa es terrible; supone faltarle el respeto a los cielos que nos dieron todo ese caudal y nosotros les defraudamos dejándonos vencer por ese diablo, por esa criatura del averno llamada miedo; y casi nunca nos damos cuenta de la falta cósmica en qué incurrimos; porqué dejándonos depredar por este vicio inmundo, nos estamos degradando a nosotros mismos, dentelleando en nuestras propias carnes y a la vez, en un redoblado escarnio, apostatamos de los designios de los cielos para con nosotros; porqué no somos otra cosa que obra suya; y convendrás conmigo en que faltar y despreciar a la Obra supone también faltar al Su creador....Astrid todas estas consideraciones me venían a la cabeza cada vez que con un regusto negruzco y amargo, desconectaba el móvil esterilizado yo como ser, ante la imposibilidad de enviarte nada que delatase mis sentimientos. Y actuar tan vilmente me hacía sentir pecador y el Universo entero parecía dar vueltas a mi alrededor convertido en un inmenso remolino de remordimientos conectado a mi postrado organismo...Pero tu mensaje ha anulado todo eso y he recobrado la verticalidad moral y quizá te rías de ello, hasta mi espalda después de unas semanas de buscar la gravedad hacia adelante,vuelve a erguirse rígida y recta. Tu mensaje ha tenido los efectos de una cálida lluvia catárquica que me ha depurado hasta la última de las toxinas que llevaba tanto tiempo, desde que fallé en mi primer intento por decirte que te quería, acumulándose dentro de mí; dudo que hubiera sido nunca capaz de perdonarme el error de haberte dejado perder por pusilanimidad; todo lo vacilante que soy para con lo exterior lo soy de implacable para conmigo cuando noto que le he fallado a las personas, a mi mismo y ,,,a la vida...De verdad que eres una persona con la que me siento muy a gusto y me pasa el tiempo volando contigo. Podemos hablar de casi cualquier cosa y siempre tenemos más y más por decir; y tenemos muchas aficiones comunes; y a los dos nos gusta tanto la comida italiana! Me siento aún como puedes ver conmovido por el mensaje; pero me ha gustado mucho, no te lo puedes imaginar; ya ves que me estoy repitiendo y empezando a decir apuntes de tonterías, y eso sólo me pasa cuando algo me sacude muy muy hondo; y por cierto, has visto lo bella que está la luna esta noche? Está redonda como tus ojos, que no sé si te lo han dicho nunca, pero son preciosos. Y sabes? Nada me gustaría más que verlos brillar bajo la luz de esta luna llena de hoy y bajo los destellos de las interminencias infinitas de las estrellas que la flanquean, en esta noche única que no olvidaré jamás, en que me has abierto tu corazón; sí me gustaría ver tus ojos mirando a los míos, y ver éstos en los tuyos reflejados, como un eco visual retroalimentado y eterno, con la luna marfil de esta noche maravillosa de verano palpitando de fondo, mientras nuestras dos manos, temblorosas por el instante, se juntan para no separarse ya nunca, nunca, nunca. Quedamos a las 23.00h en Plaça Catalunya, sobre el césped de delante del monumento a Macià? Besoos infinitos"


El duodécimo, inhábil


"Astrid,ya tengo tu mensaje; me ha costado leerlo porqué es muy largo, pero aún y con eso he conseguido terminarlo tres o cuatro veces, aunque no consigo ver exactamente que me estás diciendo; te gusto,de acuerdo; pero en qué plano? Te gusto como persona? Te agrada mi interior? Mi exterior? Ambos? ¿Te gusto como hombre? Como conversador? Como conductor ? (Lo digo porqué el sábado pasado te llevé en mi coche al restaurante donde habíamos quedado todos y durante el trayecto tanto de ida como de vuelta, repetiste a menudo que conducía yo muy bien)..La verdad es que estoy hecho un lío como ves; tendrías la amabilidad de aclararme exactamente qué es lo que te atrae de mí? "

jueves, 25 de septiembre de 2008

/7/

El primer mensaje emanó poético:



"Astrig guapa; tu mensaje ha abierto, como un rayo de traslúcida luz entre las livianas nubes de otoño que entretejen mi corazón, un horizonte de verdes devenires mútuos entrelazados"


El segundo, burocrático;

"Astrid, he recibido tu mensaje; determinados pasajes de su contenido me han interesado. Queda resolución posterior al efecto, pendiente de un análisis más pormenorizado.Te trazo comunicación en breve lapso·"


El tercero, evasivo:

"Tu mensaje llegó mientras esperaba ser atendido en un restaurante mexicano del centro de la ciudad; a pesar de ser Lunes, registra un aforo considerable. Hacía mucho tiempo que no comía en un restaurante de estas características"

El cuarto, críptico.

"Tu mensaje ha ignitado una vía de posible exploración epifenomenológica entre nuestros respectivos focos dimanantes de afectos; razonablemente, podrían darse procesos de fusión entre ellos, aunque en postrer estadio, queda tal resolución al albur de instrospecciones posteriores sujetas a mesurabilidades gradativas varias"

El quinto anestesiante;

" Tu mensaje, bueno, no deseo que pienses que no me ha gustado; desde luego que sí; me ha parecido sincero y hermoso; me ha claramente conmovido y me ha conducido al acto al pensamiento sostenido contigo como inamovible epicentro; sabía que podia darse algo en ese sentido de interés desde tu hacia mí pero no sabía que estuviese tan asentado ni con tal solidez en fundamentos; por mi parte, percibo con nitidez que algo hierve; pero no sé precisar aún en qué intensidad (es alta, con toda probabilidad) ni sobre todo en qué dirección señala; mejor dicho, sé que apunta a determinado escenario (tu y yo cuchicheándonos) pero lo que no estoy todavía ni en disposición ni en posibilidades de aseverar es si ese sentido de la marcha ya tomado, es irreversible, lo cual sería condición exigible innegociable para poner, con garantías de éxito, en marcha todo el engranaje de mutuas implicaciones sentimentales subsiguiente. Necesitaría auscultarme unas porciones de tiempo suplementarias,
que desde aquí me arrogo con tu permiso, la libertad de autoconcederme a fin de poderte transmitir una respuesta que no presentara ninguna, o casi ninguna, arista de claroscuros"

El sexto cobarde:

"Astrid he recibido un mensaje tuyo, pero para mi gran desconsuelo, no lo he podido abrir; mi móvil funciona mal desde ayer, cuando le sobrevino un lastimoso percance; me lo dejé la noche anterior por descuido debajo de la almohada y al despertarme y desplazar un brazo para desperezarme,lo lancé con violencia, hacia el balcón que al ser verano, reposaba abierto; el móvil atravesó el marco rectangular de la pared abierta y se precipitó al vacío post-balcón; lo tuve que ir a rescatar, en torpe correr de batín y zapatillas, del centro de la calle; unos segundos antes de asirlo, con todo, conmigo ya casi bajando el bordillo de la acera, pasó el furgón del panadero a toda velocidad y con la rueda delantera izquierda lo mandó hacia la puerta de mi vecino, el de la barba cana, que en ese preciso instante abría la puerta de su casa; el móvil que venía impulsado con gran fuerza por el impacto de la rueda de la furgoneta del panadero, rebotó de lleno en la puerta inmersa en pleno proceso de abertura, lo cual generó a su vez, un efecto raqueta, que lo aplastó contra la tapia del jardín del vecino mío delantero, el jubilado que trabajaba en telégrafos. Cuando me acerqué a recogerlo, yacía el móvil hecho astillas, eviscerado, con la tarjeta SIM colgando deforme y aferrada al esqueleto del aparato por un flacucho hilo color cobre. Lo daba por irremisiblemente perdido, pero justo cuando iba a depositarlo en el contenedor de residuos electrónicos, observé que la pantalla emitía algún destello intermitente; sorprendido por ese hálito de vida en un útil al que ya había dado la extremaunción, reintroduje a presión las partes que habían quedado fuera en su interior y la pantalla se encendió al completo con normalidad y con el habitual acompañamiento de clarines de la sintonía de inicio; entonces efectué una llamada de comprobación y recibí una respuesta de lo más convencional del otro lado. Parecía operar perfectamente, así que decidí que mientras no ultimaba planes para la compra de uno nuevo, seguiría usándolo. Como te he dicho, pensaba que funcionaba con precisión en todos los campos; pero esto fue hasta recibir tu mensaje; porqué, para mi desdicha, me he visto impotente para poderlo abrir y por tanto ignoro que me querías transmitir; aunque (Qué otra cosa pudiera ser sino?) supongo que el mensaje venía a cuento por lo del libro que te dejé,no? Que ya pasan dos semanas de la fecha tope en que te comprometiste a devolvérmelo; bueno, insisto en que no debes preocuparte por eso; ya te dije que hasta Navidades había margen. Ah, y por la llegada de este mensaje tampoco te preocupes; lo recibirás seguro; porqué con el incidente de ayer por la mañana se dañó la capacidad del móvil para recibir mensajes; pero, en cambio, la de enviar escritos sigue intacta; lo sé porqué esta tarde mandé unos cuantos, y de todos he tenido acuse de recibo (por otras vías naturalmente que la del mensaje, porqué como te he dicho ha sido sólo hace unos minutos y a consecuencia de tu inleído mensaje que he descubierto apesadumbrado que no los acoge; bueno,sí que los acoge pero no los puede abrir). No te molestes por tanto en mandarme ninguno más hasta que tenga el móvil nuevo.Y esto será dentro de más o menos, 12 semanas según me han dicho en la tienda; porqué el modelo que quiero lo importan de las Islas Caimán y sólo hay un buque correo cada 12 semanas; además ahora empieza la época de huracanes, e incluso puede que sean más las semanas que precise el carguero, con mi móvil nuevo ya apto para leer tus mensajes, para llegar "

sábado, 20 de septiembre de 2008

/6/

Tan pronto como la camarera de piel moka interiorizó el contenido de la solicitud del hombre de cabeza rasurada y de frontal imponente en su rojo crustáceo, retomó el sentido de la marcha y se deslizó con ritmo tranquilo a atender otra mesa que se le cruzaba en el paso hacia las escaleras. Empequeñecida en la distancia, su escuálida figura, yo volví al reducto de mi mesa. Era pequeña y aunque la flanqueaban tres sillas, parecía incapaz de acoger en su abrazo de cintura, a más de dos cenantes. Estaba cubierta por un mantel plastificado blanquirrojo de atractivo claramente pendiente aún de licitación, algunos de cuyos bordes se extendían posados en caída sobre mis muslos, a la manera de desplegada servilleta. Mis piernas se encajaban apretujadas en losbajos del mueble cuatrípodo, y si las impulsaba hacia arriba con los pies fijos en el suelo, la mesa ascendía también desequilibrada y tambaleante. Pasaron unos instantes y me detuve observando la copa de cerveza de abdomen prominente que la camarera había indultado de su acción retiradora y permanecía silenciosa, como un tótem sin lustre y ávidamente exprimido, a unos pocos centímetros de mis primeras expresiones corporales en relación a la mesa; el vacío de la copa era casi integral y apenas ya nada remitía en ella al estado de plenitud de contención de líquido de hacía unos minutos; únicamente en su fondo, el cristal se veía salpicado por unos invertebrados derrames de los remanentes de la espuma de la cerveza que una vez había allí se había extendido. El comedor seguía activado en su sosegado dinamismo y a mi lado, la mesa de los gin tonics volvía al ritmo conversador de antes de la petición; la mujer a la que yo apenas podía ver, tapada por la oronda figura masculina que se sentaba a su lado, parecía no poder con los 4 dedos de preparado que aún permanecían en su vaso; en un momento dado murmuró una frase elevada y su vecino de mesa, el que me impedía verla, tomo el vaso entre una de sus manos y con una rápida elevación de brazo, lo direccionó hacia la boca, dejándolo en par de segundos seco,con la rodaja de limón cáída en su fondo y apoyada sin armonía en un ya muy raído cubito de hielo. Poco a poco el grupo volvió a su tono de conversación monótono, parecido a una inalterable lluvia nocturna que fue apoderándose de nuevo, a la manera de un adormilante hilo musical, de las estribaciones del comedor. Yo los observé un momento y luego apoyé mi brazo en la barandilla que me quedaba a la derecha; entonces aparté mi vista de la mesa de al lado y pasé a seguir por unos momentos, de nuevo, la longitud toda del adorno enroscado de plástico transparente, que a la manera de una pitón que se hubiese otorgado un atracón de luciérnagas, se extendía por la barandilla recubriéndola a trazos. Era la segunda vez que reparaba en ese chocante, hacia la repulsión movente, adorno pero no experimenté brizna de familiaridad alguna con su deforme diseño; seguía produciéndome rechazo y redirigí la vista rápidamente hacia otro vector de la sala porqué me reconocía aún incapaz de adaptarme a su presencia violentamente kitsch. Clavé entonces mi vista en la pared del fondo, sin objetivo determinado y por momentos no supe qué hacer. Entonces recordé el mensaje que acababa de recibir de Astrid y su trasfondo de desgranada exposición sentimental, y me impuse efectuarle respuesta; de haber mandado yo un mensaje de esa tonalidad, estaría en ese momento, al otro lado de las ondas electromagnéticas, estrujando el teléfono con una de mis manos, elevando el móvil a la altura de la nariz,y siguiendo con vista fija y bizca los destellos de la pantalla a la espera del indicativo de mensaje entrante. El problema es que fileteado por los incisivos de la duda, no sabía qué escribir, ni en qué sentido exponer, ni qué señalar, ni qué descartar, ni qué dentellear, ni qué depurar,ni qué tomar en bloque o que mandar directamente a la planta de reciclaje. Sumido en tal borbotear de indefinición, redacté mentalmente algunos bocetos de mensajes, pero ninguno de ellos fluía convincente. Además, de todos ellos, sólo dos apuntaban mínimamente hacia una misma significación; el resto, eran reversos de anversos y anversos de reversos. Exhalé en la atmósfera del restaurante aplacado, recuperé el móvil del bolsillo de mi camisa y lo encendí; fuí rápidamente a los mensajes y pulsé redactar;no sería la vez iniciática en que el teclear mismo de las letras me hacía descender el mensaje de la nada; y talvez con la solidez de los contornos de ese trozo de plástico entre mis manos, sería capaz de redactar algo mínimamente firme y metabolizable para Astrid; llevado por esta idea, elevé el móvil y empecé a moverme por su teclado, confiando que el traqueteo de las selecciones que mis dedos efectuaban por las aristas de sus contornos me insuflaran inspiración expresiva.

sábado, 13 de septiembre de 2008

/5/

El gris oscuro del techo me abdujo unos momentos la vista en completo; mis ojos se posaron en él con intensidad;casi podía notar el espectro de enfoque lanzado por mi retina rebotando contra la superfície del techo y volviendo a introducirse en ella para volver a salir disparado en circuito cerrado; una y otra vez. Por unos momentos, la sonoridad del comedor se hizo menos intensa, desgranándose en una vibración poco palpitante, casi pastosa. Yo intentaba acompasar mi pulsión pensante al atenuamiento sonoro del local, pero apenas podía; los magmas paralizantes de la indecisión sobre lo que debía decidir ya en aquel momento en relación a los platos de la cena, y las decisiones cuyo tomar me aguardaba en las temporalidades posteriores seguían borboteando en mi interior y era vano intentar zafarme de ellos y de su hálito envolvente. Con todo, no sin un denso verter de esfuerzo, logré aminorar algo su revoloteo, haciéndolo menos omnímodo y al constatarlo, bajé la copa ventruda de cerveza de nuevo a la mesa; ya no necesitaba tanto de ese contrapeso de acción terrenal anclante a la incansable manufactura cerebral. Entonces volví a levantar la vista con intención de posarla de nuevo en el techo cuando en un fugaz intervalo enfocador,ví que se acercaba la camarera de rasgos caribeños y de pelo muy corto; no me quedó otra que abortar la elevación de pupilas y me centré en su aparición y en el diálogo que así que se detuvo a mi lado, enhebró.



-Hola; has decidido ya ? -me dijo mientras esbozaba una sonrisa un tanto maquinal, que elevaba no obstante, el telón al espéctaculo geométricamente impecable de sus grandes y muy blancos dientes.



-Sí,creo que sí; más o menos; pero tengo una duda sobre dos platos. Mira -le dije mientras abría la carta del menú y buscaba la página con los entrantes, lo que me costó un poco porqué aún tenía algo del embrujo del techo desplazándose en mi vista, aunque al final dí con ellos - Los jarrapeños qué son? Tienen algo que ver con los crêpes? Están hechos de harina o de pasta?- le pregunté; era una información que necesitaba, porqué mi primera opción para el seguno plato era pedir crêpes de queso con guacamole y quería eludir un excesivo grado de similitud entre ambos preparados.



--Oh no-me respondió con una arquetípica entonación y dicción caribeña; podría darse con facilidad que fuese cubana.Esta vez su risa perdió la rigidez funcionaral de antes, se hizo más amplia y compuso incluso cierta transición hacia una risa franca, lo cual profundizó mi ángulo de visión sobre su delineación dental esculpida en perfecto. Devenía obvio hallaba divertida mi pregunta- Los jarrapeños no tienen nada que ver con los crêpes; los jarrapeños son pimientos-continuó esbozando.



Yo me sentí aliviado;si los jarrapeños eran pimientos y no tenían nada que ver con los crêpes tenía la selección de menú resuelta y la carga de dudas que me curvaba las cervicales perdía algo de lastre; ya ni tan siquiera me era necesaria formular la pregunta sobre el segundo plato de denominación azteca cuya confección, al igual que me había pasado con los jarrapeños, ignoraba;así que me inhibí de formularla.



-Vale, entonces de primero tomaré jarrapeños con queso Cheddar; y de segundo crêpes con queso y guacamole.





Ella anotó ambas selecciones en una libreta muy similar a la que usaba su compañera.



-Ah, y me traes otra cerveza por favor-añadí.



-Esta misma te está bien? -me dijo indicando la botella vacía de mi primera cerveza que agotado su contenido y disueltas ya las burbujas de espuma, había perdido todo atractivo.



-Umm tienes otra marca mexicana? - le dije- Me gusta probar cervezas distintas.



-Oh, sí-hay otra; la Acmemuza .... me dijo mientras con mano rápida, hacía una última anotación en la libreta. Estaba en verdad muy delgada y me sorprendió la finura de sus contornos; al comprimir los dedos sobre el bolígrafo para efectuar el garabato, las venas de la mano se le marcaron visiblemente a través de su piel, tan fina que parecía incapaz de contenerlas; y sus brazos apenas ofrecían oscilación de volumen en todo su recorrido; parecían mesurar idéntico diámetro en la muñeca que en los bíceps- Una Acmemuza,pues ?



_Sí, sí.-le añadí en último estadio.Ella guardó la libreta en uno de los bolsillos de su delantal oscuro, idéntico también al que usaba la camarera de las pupilas embriagadoras, recogió la botella vacía de cerveza, se giró mientras me lanzaba una última sonrisa e hizo ademán de irse; sin embargo, cuando ya casi finalizaba el giro, el hombre escandinavo de cabeza afeitada y ojos brillantes de la mesa de al lado, le hizo un gesto con el brazo levantado al tiempo que verbalizaba dos comedidas observaciones en inglés:



-Please, please.



La camarera se volvió hacia él y hacia su mesa. El hombre fijó entonces la indicación con la mano en los cuatro vasos de gin tonic que salvo uno, el de la mujer que me quedaba infranqueable en cuanto a vista, estaban ya secos, con la loncha de limón varada, como un lánguido esqueleto de barco hundido, en el fondo. Una vez la chica tomó conciencia de los cuatro objetos que él pretendía que viera, el hombre pasó a ejecutar en el aire, un gesto circular con una de sus manos, un gesto rápido y trenzado que parecía englobar en sí, en una compresión conceptual insuperable, toda una tesis sobre la renovación del ciclo biológico, sobre la siembra y el cultivo y la recogida de frutos y sobre el perenne retorno de la pulsión vital humana:



-Four gin tonics again,please.

lunes, 1 de septiembre de 2008

/4/

Permanecí unos segundos observando el fondo de la botella de cerveza, con las caleidoscópicas formas que la espuma de cerveza le imprimía y después abrí la carta del menú, y por vez primera vez desde que había entrado en el restaurante, pasé a intentar concentrarme en la idea de la cena y de la comida y de los platos que la constituirían. La lectura de la carta me devolvió a la noción casi olvidada de que me hallaba en un restaurante mexicano, porqué la totalidad de sus elegibilidades eran de inspiración gastronómica azteca. Releí el cuadro de primeros y segundos platos unas cuantas veces y me resultó difícil concretar en selección; agravaba mi deslizamiento a la vacilación el hecho de que había además,algunos términos culinarios que se escapaban a mi comprensión. Así que formateé una idea general sobre lo que tomaría,descartando unos siete u ocho preparados por plato y quedándome con una preselección de 3 y 3 por estadio, pendientes dos de ellos (un primer y un segundo)de aclaración posterior en relación a la naturaleza de sus ingredientes y al proceso de su confección .Luego cerré la carta del menú y la deposité otra vez encima de la mesa. El comedor permanecía instalado en la atmósfera de rutina consolidada de cuando había entrado. A mi lado, las 2 parejas escandinavas seguían con ojos cada vez más brillantes, sorbiendo el brebaje traslúcido que chispeaba en el interior de cada uno de sus vasos y hablando en un tono de voz discreto, casi camuflado. Era bonito ver a las burbujas de sus tónicas dispararse de la nada hacia arriba, y recorrer, superando los contornos amarillos de la limpísima rodaja de limón, todo el espesor traslúcido de la bebida hasta evaporarse en su superfície, sólo para ser sustuídas en un eterno retorno burbujeante, por otras que se propulsaban otra vez desde las profundidades del vaso. El hombre de la cabeza rapada y bronceada que me quedaba a primera visualización ,continuaba ejercitando el papel de conductor de la conversación, y entre párrafo hablado y párrafo hablado, perseveraba en la acción de deslizar su mano sobre los hombros desnudos de su mujer de grandes ojos azules que se estremecía con leve sonrisa al notarla; muy de vez en cuando los 4 al unísono, componían una carcajada escasamente sonora y que moría muy poco después de haberse iniciado. Al fondo, el comensal solitario, seguía inclinado hacia las oscilaciones del contenido de su plato y a cada regular intervalo, su cabeza se elevaba y de nuevo escrutaba el entorno como un radar programado; y a pocos metros de él, de vez en cuando,seguían atronando las carcajadas de los turistas celebrativos. De pronto,mientras seguía oteando ya más indolente el resto del comedor, noté una inesperada y seca vibración en el bolsillo del pantalón que hizo moverme de la silla; por una milésima no logré asociar a nada conocido aquella descarga y me sobresalté casi sacudido corporalmente; entonces me llevé con rapidez la mano al bolsillo y ésta chocó con una superfície de contornos pétreos e irregulares, que me reubicó; había recibido un aviso al móvil;un móvil que muy pocas veces llevo encima y aún menos en el bolsillo del pantalón y aún menos permanentemente conectado; de ahí que me desconcertara el zarandeo al muslo desde el bolsillo del pantalón.Entonces rescaté el teléfono de entre la caverna de los tejidos en donde lo había depositado, ahora recordaba, antes de entrar al hospital a ver al convaleciente de mi amigo, y pasé a mirar su pantalla a la búsqueda de la naturaleza del aviso;se trataba de un mensaje.Con par de tecleos logré descerrajarlo y esperé a que se desplegara. Su texto me sorprendió:



"Bien,al final te lo diré;resulta que me gustas;ya está;ya te lo he dicho..." Astrid.



Releí el texto par de veces ; luego cerré el móvil y me lo guardé en el bolsillo de la camisa.Me puse a pensar en el contenido y en el factor de complicación de escenario que aquello suponía;a mí su emitente también me gustaba; pero también me gustaba la persona con quién debía quedar a las 22 30;y otra con quién cenaría el viernes siguiente;y por supuesto,la camarera de los ojos azules a la que acababa de ver por vez inciática, no conocía de nada y con la que sólo me unía el compartir residencia en un mismo cuerpo astral...Me sentí zarandeado y pasto de las dudas; por momentos,éstas se me acumulaban en un pérfido crescendo: dudaba sobre qué tomar como primer y segundo plato para cenar en aquél híbrido restaurante mexicano, qué vía sentimental enfilar, qué responder al mensaje que acababa de recibir y qué términos usar para amortiguar o desencadenar la situación a venir en relación a su enviadora...Ante tal alud de incertezas, noté que me fallaba la hemoglobina y en un gesto instintivo llevé mi mano a la copa de cristal e hicé ademán de beber de ella a pesar de saber que estaba vacía; permanecí con la copa elevada unos segundos intentando dejar la mente a ras de dudas, sin pensar en nada, mirando el techo gris oscuro del local mientras un cansino hilo de espuma se deslizaba mansamente por las paredes de la copa y venía a untarme de remota humedad reblandecida los labios....

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