miércoles, 29 de agosto de 2012

177

Ploff. Percibí el ruido de mi cuerpo al desplomarse y penetrar en la concentración líquida remansada de ese entrante que el torrente practiaba en la ribera. Inmediatamente, sentí la humedad apoderarse de mis ropas, hacerlas suyas, traspasarlas, y alcanzarme la piel en descargas frías y desagradables. Todo yo estaba siendo tomado por la humedad, pero carecía ya de fuerzas para huir de aquel abrazo de fango y lodo y tumefacción. Me hallaba boca arriba y la corriente debía de tomarme en mi mitad Por encima de mí, la bóveda vegetal de las ramas y las copas de los árboles, en cicatrizante clausura, apenas dejaban espacio a la penetración de la luz. Sentía el frío arreciar y el cuerpo entumercérseme, pero me encontraba tan agotado por las avalanchas del día que me hallaba impotente para modificar nada. Y en último, no tenía diáfano como operar tras aquello. La energía se me estaba yendo como por un sumidero. Realicé un último movimiento y logré separarme un breve dilatado de la corriente. Entonces, con una pulsión de autómata, abrí de nuevo la mano donde se retorcían los restos quebrados de los versos a Raquel. Aun en mi posición medio helicoidal y a través de las anfractuosidades de la situación, conseguí alcanzar algún destello de estrofa: " Ahora entiendo el azul del mar/ y la blancura de las nubes/ y la palidez argéntea de la luna/y la fragancia de las rosas/ y los parpadeos de las estrellas/ y el rápido prorrumpir de un cometa en lo nigérrimo de la noche.../todo ello no es más que un homenaje a ti" pude leer,aún, desde mi tortuosa posición, en ese papel tumoroso por la vesanía de incomprensión de Raquel. El trozo del verso en el magullado papel, en donde todo yo viajaba, se rompía entonces en seco y ya no era posible leer nada más. La brusquedad de Raquel al rasgar mis versos se había llevado por delante su trozo colindante. Sentí en ese momento una descarga de frío mucho más intensa aún que la que me estaba provocando el contacto con la corriente adosada en fijo ya,a mi espalda. En un último gesto reflejo, obturé la mano con el remanente de los versos seccionados y cerré intensamente los ojos bajo la luz filtradamente mortecina del día en penumbra....

lunes, 6 de agosto de 2012

/176/

Toparme, ni que fuera de soslayo, con los remanentes de los versos quebrados por las manos tomadas en ira de Raquel, me reabrió otra vez el escenario de acumulada alta toxicidad del día, y toda la carga de crudeza e incomprensión que esa mañana había ido almacenando en un convulso crescendo, pareció desplomarse en bloque hacia mí, con los contornos de un contacto físico. Cerré definitivamente la mano con ese resto escrito de los versos cercenados y avancé un par de pasos con los pies sumergidos en el caudal. El flanco del torrente se deslizaba manso a ambos lados de mis tobillos y por de entre ellos, pero yo apenas notaba su tacto forzosamente frío. Tenía los resortes internos a plena y agotadora combustión y lo que acaecía en lo externo, apenas me alcanzaba. Volví a fijarme entonces en el mordisco que el río practicaba a ese margen de ribera a mis pies, y la imagen de Uk tendido en ese mismo lugar, con las patas delanteras sumergidas en las avanzadas del torrente, se me intensificó. Proyecté medio paso más por encima del fango del lecho, pero me sentía mal y me tambaleé. Intenté por un momento recuperar la verticalidad, pero finalmente, agotado por todas las sacudidas amontonadas del día, desistí de forzar nada´y me sentí caer, direccionando, con el último hálito de fuerza que parecía acompañarme, mi cuerpo en la misma posición oblicua al entrante de agua que Uk, en su agonía, había compuesto un montón de acúmulo de tiempo atrás....