martes, 5 de julio de 2011

/136/

¿Ves?-emitió Raquel en crispación- Ya te vuelven a temblar las manos,,,¿Pero te quieres estar quieto? ¿Quieres parar de moverte de una vez? Que me pones de los nervios!- Y al decir esto bajó rabiosa sus manos hacia las mías y me las sujetó con fuerza. "Pero para de temblar, para, para de una vez que me va a dar algo"-gritó.

Durante un segundo, conseguï abstraerme del palo que me había estado cayendo desde que le había enseñado mis poemas a Raquel y me dejé mecer por la situación de ese instante seccionado: Raquel me tenía tomadas las manos. Notaba el contacto de su piel cálida con la mía, y me daba igual que su calidez proviniera de la rabia que le habían generado mis poemas y mi devoción; sentía sus dedos apretarme las manos con fuerza, intentando ahogar ese temblor que las sacudía, que no era otra cosa que la expresión somática externa del prendimiento que sentía y de lo enamorado que estaba de ella; Raquel apretaba y apretaba sus dedos obcecadamente, casi clavándolos y las manos me dolían. Pero por un segundo todo eso me dio igual. Ni que fuese en ese marco de hecatombe, estaba notando la piel de Raquel en la mía; duró un segundo, pero en ese segundo, fuí lo más feliz concebible, y durante ese segundo consideré todas las picaduras que me habían caído encima, como una simple anécdota, de grato transitar, ante la inmensidad de lo que estaba sintiendo; sí-pensé- todo ha valido la pena ante lo infinito en emociones que este segundo me supone,,,Ah, si ahora se parase el mundo, me hallaría la posteridad fosilizado en la reverberación de la felicidad más boreal concebible...Pero el mundo no se detuvo y ese segundo de felicidad-universo se desvaneció. Y en nada, volví a estar en la realidad ocre del pasillo; sentía de nuevo el dolor de la presión de los dedos irritados de Raquel en mis manos, y estaban otra vez sus ojos incendiados sulfurando fijos en mí, y estaban las risas del coro córbido a mis espaldas, y por doquier estaban los restos de mis poemas hechos añicos, diseminados por el suelo, o cubriéndome el cabello y los hombros o salpicándome partes inconexas del esqueleto en curvatura..."