viernes, 13 de abril de 2012

174

El entrante en forma de cuña aspada lateral al torrente, se simultaneaba en idéntico con el recuerdo que de él conservaba. Algunos brotes inconexos de vegetación, lo encuadraban en su forma de acogedora herradura, como siguiendo algunas regladas instrucciones de origen ignoto. Yo detuve mi paso y me quedé, con la vista baja, direccionando mi haz visual hacia ese esculpido en el fango recoveco, medio terroso, medio fluvial. Notaba como por el extremo bajo de mis pantalones empapados, se deslizaban gotas del resto del chapuzón y se me filtraban aceleradas e incansables, por entre la fisura que conformaban los calcetines y los zapatos embebidos. Me seguía sorprendiendo la inalterabilidad del escenario, calcado al milímetro al que rememoraba, como obturados en superposición ambos en el tiempo. Y de repente el recuerdo estraficado en mil composiciones de Uk se me desplomó encima. Por entre el silencio del lugar, sólo roto por el murmullo de la corriente en huída perpetua, y su estatismo sellado al mundo, vi de nuevo el cuerpo de Uk devastado por el tiempo, torcido, recogido en un principio de postura fetal hacia si, estirado sobre el fango, con manchas de lodo pegajogo y seco cubriendo su pelo una vez intensamente negro; vi sus patas delanteras, con sus uñas inmóviles zambullidas en un espasmo de corriente, indiferentes ya al arañazo del frío líquido; vi su cola, con el remate sin pelo y abierto en herida, quieta y levemente curvada sobre sus moribundas patas traseras establecidas en lateral sobre el negruzco lodo de la orilla; vi sus orejas caídas y adosadas replegadas a los flancos de su cabeza a nada del gélido abrazo del torrente; vi su cuerpo enflaquecido, con las costillas perfectamente delimitables a traves de su piel demacrada, elevarse y bajar al ritmo de una inspiración de hálito espaciada, dificultosa y moribunda; vi los restos secos de su saliva, establecidos en los arranques laterales de su boca sellada e inmóvil; vi en fin, sus ojos negros tan densos y hondos que parecían conectar con el infinito, mirarme con una mareante intensidad agónica, a través de la cual daba la impresión que se destilaba quimicamente pura, toda la tristeza del mundo......

miércoles, 4 de abril de 2012

173

Avancé por entre las piedras recubiertas de légamo verdoso resbaladizo, hacia el entrante en cuña aspada de la otra ribera. El caudal presentaba ya mucho más volumen en esa porción de torrente y por momentos, me alcanzaba las rodillas. Con claridad, por entre la tela permeable de los pantalones, yo percibía ese unto líquido, empapador, húmedo y delicuescente; pero no me importaba. A intervalos, mis piernas parecían hincarse en el lecho pedregoso y de contornos abruptos y con la presencia de más densidad líquida mis chapoteos habían desaparecido; ahora avanzaba a pasos sordos, tragada su sonoridad acabada de nacer por la corriente en desbanbada rectilínea. Conformé unos pasos más, y en seguida noté como el fondo del torrente eludía sus irregularidades, se alisaba y pasaba a elevarse; al cabo de muy poco me dí cuenta de que había cruzado el lecho y de que mis pies volvían a chapotear por entre expresiones entredivisas de líquido estancado. Avancé en paralelo a la ribera y tras superar una erupción cañosa de sarpullidos vegetales de tonalidades marrón vainilla mate en mitigada elevación, divisé a nada de mí, a dos pasos de mis piernas entumecidas y mis pantolaones chorreantes, el charco donde la estructura de sus patas cuadrúpedas se había detenido por última vez...