Y tal, que el sol caía a plomo sobre toda la clase, y el Rran ese día explicaba algo sobre las densidades de los elementos alcalinos o un rollo así, y bueno, era un tema denso y que exigia muchas y largas explicaciones, porqué el tío se quedaba no ya largos segundos, sino minutos enteros de cara a la pizarra, mientras iba anotando con su tiza en círculos, las formulaciones que apoyaban sus explicaciones o a la inversa, las explicaciones que sustentaban sus formulaciones, que de tan rollo que era esa materia y con la manera torturante con que la daba el Tsetsé, ninguno sabíamos donde empezaba lo uno ni donde se terminaba lo otro, que todo era para nosotros, puros niñatos, el mismo caos informe, pero eso la verdad, importa ya muy poco, que si apenas nos afectaba en esa época en que dábamos eso en clase y era una materia de la que nos teníamos que examinar y aprobar y demás rollos, como nos va a importar ahora que ha pasado cantidad de tiempo y no es más que una mota ahí perdida en el pasado? Bueno, pues lo que fuera que estuviera explicando, el caso es que ya te digo que el Rran ese día se pasaba largos ratos de espaldas a nosotros y deambulando a circulos su mano por la pizarra, y el sol iba filtrándose cada vez más fuerte por las ventanas sin fin de la Wolframio, y de ahí, sobrealimentado encima por el efecto lupa del cristal, el sol pasaba a calar de temperatura el escaso entresijo capilar que le quedaba al Rran en la coronilla, desde dónde el haz de luz se vertía directamente hacia su calva que a cada minuto, iba poniéndose como más teñida, más granate, más encarnada, en un crescendo sin reprime, hasta que llegó al punto en que la coronilla le brincó directamente al rojo vivo, que fue eso y así, tal cual te lo cuento, que ya te digo que en cuestión de 3 o 4 minutos como para flipar, de lo rápido, eh?, las diversas tonalidades de color rojo fueron saltando con brusquedad en la pantalla abierta que era su calva, sucediéndose las unas a las otras como si fueran, no sé, las diversas páginas de un libro de ascenso cromático o los peldaños escalonados de un pentagrama de color, subiendo, en una progresión imparable, hacia una coloración roja cada vez más intensa, más comprimida, más tomate puro para culminar en ese rojo vivo del que te he hablado y en el que se transformó su cacho calva..... Y para nuestro pasmo, el Rran parecía no enterarse de nada de todo eso que le estaba sucediendo a tan poca distancia, en su mismo cráneo, abducida como estaba su mente por el sistema infinito de formulaciones que estaba barruntando en ese momento ante la pizarra. Y bueno, nosotros nos íbamos mirando todo flipados, y no entendíamos nada de lo que veíamos, y porqué el Rran no reaccionaba ante esa punzada de calor concentrada, por fuerza dolorosa, que se le ceñía implacable en el círculo rojo de su coronilla, cada vez más flambeada y brillante y rojiza al punto de la llama, que hasta nos dio la impresión que por momentos chisporroteaban esos 4 pelos que el Rran se peinaba al máximo de su largor, todo horizontalmente, de un lado a otro de su cabeza, para intentar taponar el brillo de la calva, esos pelos con los que, por cierto, nos desconojamos pero que cantidad, un día en el patio Fermio, ya sabes el patio ése en forma de triángulo y que usábamos para practicar deporte en las horas de gimnasia y así. Y bueno, pasó que ese día que te cuento del descojone por los 4 pelos del Tsetsé, teníamos educación física y fuímos hacia el gimnasio para cambiarnos y demás historias pero nos encontramos con que el profe, que ese año era el Teu, ya sabes, ese tan pasota y medio chulo piscinas, que venía siempre al cole con su Golf a toda pastilla a pesar de vivir a dos manzanas mientras sacaba por la ventana del coche su brazo lleno hasta el codo de pulseras horteras, pues nos encontramos aquél día que el muy jeta todavía no había llegado y los vestuarios estaban cerrados y claro, no podíamos entrar y nos tuvimos que quedar fuera. Normalmente cuando eso pasaba, que no era la primera vez para nada, que el Teu era lo más inpuntual que he visto y venía tarde cantidad de veces, lo que nos rayaba a mí y a casi todos, que de otra asignatura nos habría dado igual que llegara tarde y perdiéramos minutos de clase, o aún nos habría encantado, vamos fijo, pero de gimnasia no, porqué nos molaba a casi todos un montón dar esa asignatura a pesar de tener ese año al matao del Teu... pues lo que te decía, que cuándo eso pasaba de que el Teu llegaba tarde y tal, pues nos poníamos en el Fermio a jugar a cualquier cosa que tuviera pelota rodando de por medio, y que casi siempre terminaba siendo el fútbol porqué molaba un huevo a casi todos y encima, el Fermio era ideal para jugar y tal, que tenía el suelo super liso y dos porterías chulas, de esas con postes de fibra de vidrio pintados de verde y con red y tal; pero la verdad es que ese día pasamos de jugar a nada porqué soplaba un viento fortísimo, que era de esas veces que siempre hay tres o cuatro todos los años, en que la tramuntana pierde las formas y se salta los diques y se desboca con furia sobre todo lo que toca, y todo lo que queda bajo su alcance..y ese día soplaba pero que a lo bestia, que le dio por empezar al mediodía o así y ya no paró en dos días, que era de verdad que un rollo cuándo le daba por ahí. Y esa vez, pues que me acuerdo que ya nos tienes a todos los de la clase, ahí agrupados y amontonados a la puerta del gimnasio esperando que viniera el Teu y nos abriera, mientras veíamos con casi ganas de llorar, como el Fermio se ponía impracticable con la tramuntana dándole con toda violencia, que le daba tan bestia que hacía levantar todo del suelo, y arrastraba desde vete a saber tu cuántos metros de distancia, cantidad de papeles y hojas caídas y bolsas de pipas vacías y cosas raras, y que con cada ráfaga levantaba todo eso como a dos metros, mientras el zumbido agudo de cada una de esas rachas se nos colaba por dentro del tímpano de una manera que hasta te hacían entrar ganas de taparte los oídos y girarte y ponerte de espaldas al patio y huir de esa explosión sin control de viento. Y no sé si te acordarás, pero es que encima el Fermio estaba cantidad de expuesto a esos arranques de la tramuntana porque daba de lleno al norte, que es que estaba todo abierto por esa parte sin vallas ni edificios ni nada interpuesto, y que era justamente por esa dirección desde donde el viento venía a toda hostia, que ya te digo que además de papeles y hojas y bolsas viejas de plástico y cantidad de cosas raras así por identificar y tal, levantaba con cada soplido, pantallas cacho bestias de polvo que pasaban a adueñarse por segundos del paisaje y que el viento aplastaba después contra la pared del gimnasio dónde nosotros estábamos cada vez más apiñados, más uno encima del otro. Y era bueno, de verdad, que super frustrante todo eso, porqué más allá del malestar físico por el viento chocándote contra la cara y las partículas de polvo que se te colaban a veces por entre los ojos y aún por la boca, que eso, aunque no seas más que un niñato ya te afecta algo, pues nos dolía sobretodo y cantidad ver nuestra clase de gimnasia al aire libre, con el seguro partido de media hora final, totalmente arruinada, que de la manera que estaba ensañándose la tramuntana sobre el patio era imposible hacer nada ahí, y sabíamos que íbamos a tener que dar la clase dentro de ese gimnasio oscuro y cerrado y de paredes cutres y de olor a moho, y la idea de pasar 45 o 40 minutos encerrados ahí con el Teu, haciendo las tonterías esas que nos mandaba para esos casos de saltos en el potro y ejercicios en las espalderas y volteretas sobre la colchoneta y abdominales y demás memeces, nos llenaba a casi todos de rabia e impotencia y nos ponía al borde del lloro, un lloro de esos de cuándo no eres más que un niñato y todo tu universo puede concentrarse por larguísimos momentos, en el rodar de un balón por encima de una superficie lisa y verde y acerada y que tu crees protegida de todo lo raro del mundo, del Rran y de sus dientes verdes y de su calva y de sus formulaciones y de sus frases huevo, y del dire y de sus amenazas y de la Roser y de su voz chillona y despiadada, y de la Conchita y su mirada paralizante y fría de batracio, y del Teu y de sus pulseras horteras y de su coche a toda velocidad, y del resto de los profes y de todo lo víscera y raro del mundo que ellos simbolizan , y de pronto descubres que entra un viento alocado y que ese reducto que tú creías a salvo de todo, salta por los aires, y tampoco podrás confiar ya nunca más de un modo absoluto en él, y te sientes, puro niñato, como solo en el mundo y empujado bruscamente y cayendo por un precicipio, y el vacío por tu reducto profanado y por no tener dónde agarrarte te llena la garganta de grumos, y sientes como los labios pasan a temblequearte, como recorridos por una descarga eléctrica, y las mejillas te estallan en brasa , y los ojos se te achican mientras en su interior chapotean los párpados ya envueltos en un un puro manglar de lágrima densa, y por un momento tratas de apagar todo eso, porqué a pesar de puro niñato, te han enseñado a abominar de las lágrimas, pero la tramuntana sigue soplando rabiosa y cercenando el patio que creías a salvo de todas las hostilidades del mundo, y eso es algo que sacude y repercute en tu interior con mucha más fuerza aún que la que está usando el viento violando el patio, y continuar viendo eso, y que la tramuntana no para en seco y se desvanece, como un lapso infortunado y anecdótico, inmediatamente después del cuál ya podrás chutar todos los balones del universo, sino que sigue soplando cada vez más furiosa, termina por desencajarte y tus últimas defensas ceden, y mientras intentas taparte la cara con el brazo, notas por debajo de la tela, como el lloro termina por brotar, incontenible y a chorro, al encuentro de esas mejillas abrasadas que ni la brutalitad de la tramontana que le ha dado de lleno, ha conseguido enfríar una porción..."